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Guillermo Worman
El arte de la crítica tiene mucho mayor centimetraje que el proceso del elogio, aquí y en cualquier lugar. La crítica es un proceso, por lo general, reactivo y sin mayor elaboración. Acostumbra hacerse sin contexto, a la distancia, de manera liviana y queda, muchas veces, sólo en eso: en denostación. Por el contrario, el elogio implica un camino de riesgo. De alguna manera, destacar un proceso, persona o institución acarrea atarse a la suerte futura de lo puesto en relevancia.
El trabajo que viene realizando la Prefectura Naval en Ushuaia, hoy bajo el liderazgo del Prefecto Mayor Sergio Gaetán, justifica avanzar en ese incierto sentido. Es apostar en una institución y en un estilo de toma de decisiones que resultan acertados y con un amplio consenso social.
La sensación es que la Prefectura está cerca, atenta, expectante, colaboradora y dispuesta.
Un organismo público que se ha ido fusionando democráticamente con la comunidad a pesar de ser una fuerza de seguridad, algo impensable hace no tantos años.
Destacar la labor en el fin del mundo obliga, de alguna forma, a la Prefectura a no separarse de la decisión de avanzar junto a la ciudad, que tanto cuida como acompaña.
El camino de la ampliación democrática se va construyendo, seguramente, con la sumatoria de gestos institucionales y personales en consonancia con los altos valores de la democracia y de una república.
El derecho a vivir dentro de un estado democrático implica compartir la vida pública con instituciones que trabajen en ese sentido. No alcanza con votar regularmente, ni con la creciente transparencia de los actos de gobierno, como tampoco con la mayor eficiencia pública. Todo eso no llega a ser una democracia de calidad.
La diferencia, por el contrario, la marca el nivel de participación de los sectores involucrados y, muy particularmente, el trabajo conjunto con los grupos afectados. No hay solución sino es colectiva. Sin esta participación las autoridades públicas se vuelven tecnócratas que no transcienden en su gestión. Hacen bien, con eficiencia, aunque no democráticamente. Trabajan, aunque no dejan sentado las bases del proceso: el logro, como se suele decir, es del funcionario de turno. Se hace más conocido, por ejemplo, el pasajero secretario que la Secretaría que tiene a su cargo.
La Prefectura Naval en Ushuaia camina junto a la comunidad en varios procesos interesantes a la vez. Realiza un destacable trabajo de prevención y saneamiento ambiental, capacita a jóvenes que cursan la formación de marinos mercantes, brinda seguridad a las personas y embarcaciones que navegan las aguas del Canal Beagle, junto, por si fuera poco, a una prolija labor de policía costera.
Prefectura Naval, ambiente y sociedad intenta sintetizar la idea de una institución que construye en sentido democrático y que profundiza, a diario, su compromiso con la comunidad de Ushuaia. Nada más, y nada menos.