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Fulvio Baschera
La realidad es una por más que ahora los implicados en el desarrollo de tareas sin la observancia de las normas con que tanto celo para algunos sectores de la actividad privada el Ministerio de Trabajo exige cumplimiento, no tengan más alternativa que desdecirse por su precaria condición laboral, toda vez que al ser contratados por la DPOSS para realizar las tareas que el propio personal de la repartición se niega a prestar precisamente por el incumplimiento de las condiciones laborales, quedarían expuestos a perder el trabajo, tal como lo reclamó uno de los integrantes de la “comitiva” que en la tarde de ayer acompañó al presidente del ente a nuestra redacción, lugar convenido con el periodista que lo había contactado para que el Sr. Díaz Ramos brindara su particular visión sobre la nota publicada ayer bajo el título “Trabajadores de la DPOSS librados a su suerte”.
Lo cierto es que este funcionario de la administración Ríos mutó a patotero, y con la limitación propia de quien no cuenta con argumentos válidos para defender postura alguna, recurrió al insulto y la amenaza. (La crónica de los hechos se describe en la nota que sobre el particular publicamos en la presente edición.)
Funcionario de una administración que, más allá de las promesas y geniales soluciones de coyuntura, como la recordada puesta de tachos con restos de aceite para brindar agua a distintas barriadas ushuaienses, o la un tanto demorada puesta en funcionamiento de las plantas modulares de potabilización que según los cálculos más optimistas podrían llegar a entrar en funcionamiento dentro de otro año a pesar de ser inversiones previstas hace apenas un año en el marco de la emergencia, hasta ahora no ha podido hacer otra cosa más que tratar de flotar en su cargo aunque las aguas estén algo turbias.
El presidente de la DPOSS, Sr. Díaz Ramos solicitó en contacto personal conmigo la posibilidad de que se le realizara una nota periodística para desmentir los términos de nuestra publicación. Incapaz de desmentir ninguna de las cuestiones puestas en evidencia más que pretender deslindar alguna responsabilidad justificando que había dado parte a la Dirección de Tránsito Municipal pero que esta no concurrió, reconociendo implícitamente que la obra se desarrolló sin el adecuado dispositivo de seguridad vial, el funcionario no tuvo mejor idea que recurrir al consabido argumento de los funcionarios sin argumento, acusarme (in absentia) de erigir una maniobra política en su contra amén de referirse en términos pretendidamente ofensivos contra la memoria de mi Madre, tras lo cual procedió a amenazar al periodista Daniel Guzmán, anticipando que lo iba a cagar a trompadas (sic).
De la nota periodística ni hablar, y de los argumentos para refutar lo informado mucho menos.
En realidad a esta altura me arriesgaría a conjeturar que tanto por la actitud, como por el número de integrantes de la comitiva, al Sr. Díaz Ramos en ningún momento le interesó hacer nota alguna. Pero en fin, especulaciones mías.
Este medio ya ha sido víctima del delictivo accionar de algún/algunos cobarde/s que incendiaron nuestra redacción, situación nunca esclarecida ni por la pesquisa policial ni por el accionar judicial. Así las cosas es que pretendemos curarnos en salud y hacer público este acto de matonería gubernamental. La situación ha sido impuesta a las más altas esferas del gobierno provincial.
Entendemos que el estrés de la gestión puede provocar alguna desviación en la correcta forma de conducirse de un funcionario, por lo que esperamos que el Sr. Díaz Ramos reflexione y presente las disculpas correspondientes a la vez de comprometerse en dirigir toda su vehemencia en garantizar la prestación de un servicio público esencial, cuestión por la que el Estado bien lo remunera.
De la misma manera confiamos en que la superioridad política a la que el presidente de la DPOSS debe su designación en el cargo, se haga eco de la delicada situación a la que su funcionario la expuso y tome debidas cartas en el asunto en pos de demostrar que este tipo de conductas no son apañadas.
Tranquilamente podríamos haber obviado comentario alguno sobre estos sucesos y emular el modelo de hacer la plancha, para evitar que algún perspicaz suponga que adoptamos la postura de victimizarnos, pero como en realidad la cuestión nos pareció por lo menos delicada, decidimos hacer olas.