P
or
Norman Munch
¡Cómo que vas a usar la camiseta de la facultad para limpiar los vidrios, qué importa si pasaron veinte años y está hecha mierda! ¿Sabés la historia que hay detrás de ese manto sagrado? Y vos la querés usar de trapo.
Un huevo nos costó encontrar once tipos para armar el equipo, y ni te cuento conseguir que el centro de estudiantes comprara las benditas camisetas. Y encima querían que se las prestáramos a las chicas de vóley, decían que las camisetas eran de la facultad. Las pelotas, eran nuestras. Seguro que las devolvían impregnadas de Impulse o una mierda de esas.
Imagináte, en la facultad eran casi todas minas y aparte que había pocos varones, casi ninguno jugaba al fútbol. Para colmo eran todos intelectualosos, y en ese ámbito pegarle a un esférico era mal visto. Para ellos era un divertimento propio de las masas alienadas. Leían Página 12, lo tenían de ídolo a Lanata, se meaban con Bajtin, Saussure, Benveniste, la Argumedo, Platón, Nietzsche.
Nosotros también los leíamos eh, no te creas, no le hacíamos asco a nada. Pero el fútbol es fútbol y mechábamos con El Gráfico, las secciones de deportes de los diarios y la Sólo Fútbol, que traía la síntesis de hasta los partidos de la D y salía hasta el último suplente de Yupanqui.
Eso sí, te reconozco que si coincidía un partido con un parcial de Historia de las Ideas o de Teoría Política, íbamos de cabeza a jugar el partido.
Me acuerdo que ya en primer año armamos un equipito con el Negro Germán, Pedrito, el Cabezón Gaido, el Gordo Parra y otros que ni me acuerdo. Era para romper las bolas, no daba para más, y de caraduras nos metimos en el Interfacultades. Éramos los “Tres sangrías, tres”. Al tercer partido nos cagamos a trompadas con un equipo de Informática y nos echaron a la mierda.
En segundo año armamos un equipo más serio. A ese le pusimos “Negro el 11”. Germán y yo marcábamos las puntas, no éramos Cafú y Roberto Carlos pero nos defendíamos. Pedrito de central, molesto para la marca como mosca de letrina. Al Gabi Corrado lo paramos de cinco, pesaba como 100 kilos pero los asustaba a los rivales con el tamaño. Arriba jugaba el Tío Fratini, siempre con una media baja, no le hacía un gol ni al Arco del Triunfo. Para esa época se sumó el Tano Ré, que era rapidito y mojaba de vez en cuando. Hasta hinchada teníamos, ¿te acordás de Barbarita, María, Andrea y Claudia, las de Educación?, iban a todos los partidos.
Sí, ese año también nos rajaron porque lo emboqué al árbitro, ese que le decían Gato. De esa si te acordás, eh. Éramos nueve, jugábamos contra el mejor equipo de Ciencias Económicas, tenían como siete suplentes y metían tipos frescos cada 5 minutos, íbamos perdiendo como 6 a 0 y el hijo de puta del Gato me cobra un penal en contra que no fue. Pateó el centro el once de ellos y la pelota me pega en las manos. “Cómo cobrás penal si me estoy tapando los huevos”, le dije. Me metió la amarilla y cuando le volví a protestar me puso la roja, me quiso gastar y pum, lo senté de culo. Después pedí disculpas y no me suspendieron, el tipo reconoció que se había equivocado.
¿Arqueros?, nunca tuvimos uno como la gente, el mejorcito fue el Gabi, que una vez lo mandamos al arco porque no había otro y en un partido se atajó tres penales. “Heroicorrado” le pusimos.
Pero lo mejor eran las concentraciones de los viernes a la noche. Íbamos a las peñas que se hacían en el Profesorado, en el Olimpia, en Económicas. La previa era en el departamento de los rafaelinos y de ahí arrancábamos. Las veces que habremos ido en pedo a la cancha. Una vez llegamos destruidos y los bailamos a unos rugbiers de no me acuerdo qué facultad. Tres a dos les ganamos y encima los gastamos todo el partido, los roperos nos querían matar.
En segundo año hacíamos el combo peña los viernes, partido sábado a la mañana temprano y desde las 10, cuatro horas religiosas de Antropología con la Méndez. Nos acomodábamos en el fondo del aula y dormíamos un rato por turnos.
Después se sumaron otros muchachos. A algunos los conociste, como el Chacho, el Sejo, el Peto, el Ciego, el Seba. Armamos “Por Tutatis” y el último fue “Mapaches Aulladores”.
Sí, no ganábamos casi nunca pero no importaba, éramos un equipo de amigos.
Es linda la camiseta, ¿viste? Todavía tiene el número pegado y el azul y rojo no destiñó. ¡Y vos que la querés usar de trapo!