Una de sus mayores creencias se basa en el mejoramiento humano y en la esperanza del mundo. Fiel a sus ideales, el doctor Orlando Terré Camacho desplegó ayer todo arte -el de saber comunicar y enseñar- y deslumbró a un auditorio completo que asistió a la conferencia denominada: "Educación inclusiva en el marco de la diversidad", que tuvo lugar en la escuela especial Kayú Chénèn de Ushuaia.
Maestro, pedagogo e investigador de origen cubano, nada más y nada menos que presidente de la Organización Mundial de Educación y Desarrollo Infantil (OMEDI) y de la Asociación Mundial de Educación Especial (AMEE), Terré Camacho se ha convertido en una de las voces más expertas en la temática de educación especial, por lo cual sus conferencias son requeridas en todo el mundo.
En su visita a la capital fueguina el especialista se refirió a los nuevos paradigmas que hoy rigen a la educación especial, haciendo especial hincapié en una perspectiva inclusiva, en donde la diversidad juega un rol fundamental. Una mirada que surge en consonancia con los cambios globales alcanzados por la humanidad. Desde los cambios geo-políticos, modelos de globalización y neoliberalismo, sustentados en los adelantos tecnológicos y científicos, etc. Así propuso el desafío de transitar de un modelo tradicional de educación a un modelo más colaborativo, renovado, flexible, abierto; acorde a las necesidades personales de cada individuo.
Previo a su presentación, Orlando Terré Camacho dialogó con el diario del Fin del Mundo: ¿Cuál es el modelo de educación que propone?
O.T.C.: Es importante que todo lo que hablamos en torno a la educación de los niños y niñas con necesidades educativas especiales, y personas con discapacidad, se fundamente en una convocatoria de amor. Los educadores y especialistas deben intentar aperturar sociedades inclusivas, dentro del respeto del derecho a las personas, y dentro de este concepto incluir a este grupo que siempre ha sido silenciado: las minorías. Cuando hablamos de atención a la diversidad no nos referimos solo a la discapacidad, sino también a la diferencia de géneros, razas, culturas, prácticas de religión. Esto contextualizado en un mundo globalizado, partiendo de que todos somos diferentes y no iguales.
e.d.: ¿En este nuevo paradigma el amor es un elemento fundamental?
O.T.C.: Alguna vez pude escribir que ésta es una profesión de sublime amor. Lo sabemos quienes en casa tenemos un niño con necesidades especiales, o a lo largo de nuestras vidas nos hemos encontrado con personas con discapacidad. Pues esto no solo lleva implícita una práctica inminentemente pedagógica, de formación, sino que también lleva un substrato de tipo emocional. Siempre a un hijo lo esperamos bonito, capaz, exitoso, líder, pero no todas las veces tenemos este encuentro. De allí surgen necesidades donde en la escuela actual no solo nos limitamos a las prácticas educativas, sino que hay que dar un sustento a partir del amor, a partir de la ternura.
e.d.: Pareciera un modelo práctico.
O.T.C.: Quizás este discurso pueda percibirse como un modelo inminentemente muy pragmático, pero no es así. Lleva implícita una necesidad: de establecer un nexo entre la importancia que yo concedo a la educación como regla de tres. En el hecho de educar es protagonista la familia, la escuela, y las comunidades o sociedades que nos acompañan en este modelo educativo. De hecho le damos el valor protagónico a cada uno de ellos, y en la medida que establezcamos un nexo de mayor plenitud para favorecer las necesidades.
| Por un abordaje del diagnóstico integral y sin etiquetas Desde esta semana, la Comisión N° 5 (Salud) de la Legislatura fueguina se encuentra analizando un proyecto de ley que busca generar un marco normativo para el tratamiento de los niños que padecen de TGD (Trastorno General del Desarrollo), principalmente orientado a lograr un diagnóstico precoz de los casos. |















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