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uchilladas y tiros en la insegura campiña magallánica
Este día, ocurre un incidente entre dos extranjeros que se habían radicado en Punta Arenas, atraídos por las oportunidades que existían en la zona para progresar. Esa tarde, como a un kilómetro de la laguna del Zurdo, el noruego Juan Mattzon fue asaltado por el paraguayo Juan López, quien se desempeñaba como campañista en varias estancias de la zona aledaña a Punta Arenas. En tanto, que Mattzon estaba empleado en la estancia de Santiago Díaz como carpintero.
La crónica fue extractada por Alfredo Frangópulos Rivera de las ediciones de la época de los diarios “El Magallanes” y “El Comercio”, y fue publicada en la revista “Impactos”, editada en Punta Arenas.
En la crónica se relata que el noruego llegó a la capital magallánica en un estado verdaderamente lamentable; luego de haber recibido varios golpes de cuchillo en la cabeza y un balazo en el dedo pulgar de la mano izquierda.
Como consecuencia de ello, la víctima sufrió una abundante pérdida de su sangre, se desvaneció y quedó tendida a la intemperie cerca de treinta horas, sobre la nieve y expuesto a fuertes ráfagas de viento austral. El frío reinante le había producido la quemadura de los pies y las manos, y se estimaba como muy probable que debería amputarse alguno de sus dedos, sobre todo de su mano derecha, según consta en el artículo.
El paraguayo al ver el estado en que había quedado su agredido, se confió en que no iba a superar el trance y se marchó tranquilamente hacia la ciudad, luego de robarle el caballo y algunas pertenencias al noruego. Ni bien llegó a la localidad, fue aprehendido inmediatamente por la policía luego de la denuncia que había formulado Mattzon y la descripción que pudo efectuar de lo acontecido.
López no podía entender cómo hizo el noruego para llegar hasta la ciudad en el estado agonizante en que suponía que lo había dejado. La soledad y el aislamiento fue aliado de su accionar delictivo, la confianza lo condenó.
Este tipo de incidentes eran muy comunes en las emergentes poblaciones magallánico fueguinas, la escasa presencia estatal, los aventureros que llegaban a la región con ansias de rápida fortuna y la catadura moral de una gran parte de ellos imponían una verdadera ley de la selva en esos primitivos conglomerados humanos.