U
n grupo de unos veinte familiares de reclusos de la Alcaidía de Ushuaia se presentaron ayer en Tribunales para mantener reuniones con funcionarios judiciales e interiorizarse de los actos de represión que sufrieron sus parientes durante el motín registrado el pasado sábado 28.
Algunas de las personas se presentaron representadas por abogados y anunciaron que se constituirán en parte querellante dentro de la causa que ya investiga lo ocurrido.
Otros en cambio, presentaron formalmente una denuncia penal contra un policía del Servicio Penitenciario que los habría amenazado en la puerta de la Alcaidía, momentos después de sofocado el motín. “Con ustedes ya me voy a encontrar por la calle”, les habría dicho este uniformado al que tienen fotografiado con un teléfono celular y cuya identidad desconocen porque se “quitó la cinta identificatoria de la camisa”.
El fiscal Daniel Curtale ya elevó un requerimiento de instrucción que dio origen a un expediente ante la jueza penal María Cristina Barrionuevo. Entre las pruebas solicitadas se pidió un listado del personal penitenciario que estaba de guardia al momento de los incidentes. Varios de ellos podrían indagados en las próximas horas, por presuntos apremios ilegales.
La mayoría de los familiares se manifestaban ayer sorprendidos por el nivel de violencia con que los policías combatieron el motín, a la vez que hicieron hincapié en que los disturbios fueron iniciados por “cuatro personas” mientras que la represión abarcó a la totalidad de los detenidos.
Las preocupaciones de estas personas se distribuían en partes iguales entre la necesidad de que se investigue lo ocurrido y se identifique a los culpables, el estado de salud de los internos (a quienes habían podido ver unos pocos minutos) y los planteos ante el Juzgado de Ejecución para evitar que muchos de ellos fueran trasladados a Río Grande.
Relatos de terror
Sobre la ferocidad del ataque que sufrieron los reclusos de la Alcaidía hubo testimonios concordantes entre los familiares de las víctimas.
Las versiones no fueron aisladas e inclusive coinciden con las declaraciones públicas que realizó el jefe de Defensores Públicos, Gustavo Ariznabarreta, uno de los primeros funcionarios de la justicia en arribar al lugar el día del motín.
Los padres, hermanos y amigos de los presos que acudieron ayer a la oficina de fiscales (se reunieron con Curtale) dijeron que había internos con lesiones en los ojos producto de patadas en la cabeza, que a uno le sangraba todavía un oído por el mismo motivo, y que otros presentaban lesiones producidas por balas de goma en las manos y en la frente.
Según fotografías que pudo ver un periodista de este medio, a un recluso le molieron la espalda a bastonazos, mientras que a varios les pegaron en los pies mientras estaban ya reducidos en el suelo, con precintos en los tobillos y tapados con frazadas. Sobre ello se refirió también el propio Ariznabarreta.
“Algunos de nuestros familiares estaban dormidos cuando comenzó el motín. Se levantaron con los bastonazos en el cuerpo de la policía. Entraron y les tajearon las zapatillas con cuchillos, les rompieron equipos reproductores música, artesanías que estaban haciendo, todo”, contó a EDFM una mujer cuya identidad se mantiene en reserva para evitar represalias. También agregó que muchos presos estaban “mojados y muertos de frío”.
Otra mujer contó que había concurrido al hospital a retirar las radiografías que demostraban las lesiones producidas a su pariente, y que, misteriosamente, los estudios “se habían perdido”.