“Te voy a cagar a trompadas”

Al final, ¿quién mintió?

25/09/2012
P
or Norman Munch, de la Redacción de el diario del Fin del Mundo

El titular de la DPOSS, Emilio Díaz Ramos, admitió ayer en una radio de Ushuaia que, en un “exabrupto”, agredió verbalmente y amenazó a un periodista de este diario. Así, desmintió a uno de sus superiores, el jefe de Gabinete, Guillermo Aramburu, quien el día en que el hecho se hizo público puso en duda lo sucedido y dejó entrever que se trató de una mentira. ¿Y ahora?
La verdad es que en la Redacción nos habíamos olvidado del señor Díaz Ramos y su puesta en escena. A lo sumo, era mencionado cuando alguna diferencia de criterio periodístico entre pares se cerraba con un ya remanido y carente de gracia “mirá que te lo mando a Díaz Ramos”. Ya ni para chascarrillos daba la cosa.
Pero ayer el señor reapareció en el éter por FM Provincia y tarde, bastante tarde, habló públicamente sobre las amenazas y agresiones verbales que, con el respaldo de su “grupo comando”, profirió contra el jefe de Redacción de el diario del Fin del Mundo, cuando en vez de usufructuar la posibilidad de dar su punto de vista sobre un tema con el que no coincidía, prefirió apelar a su “exabrupto”, como cándidamente define ahora a su catarata de insultos y malos tratos.
Y si bien lo suyo ya forma parte del anecdotario de la prolífica carrera de un periodista respetable, algunos de los conceptos que vertió el titular de la DPOSS ante la consulta de los colegas de la radio dan lugar para el análisis, aunque esto signifique dar demasiada trascendencia a dichos que quizás no lo ameriten.
Entre otros conceptos, el señor dijo que hubo una “desinteligencia con los muchachos del diario”. Que lo suyo “fue un momento de enojo con una discusión, un cambio de ideas”, que “no fue la idea nunca ir a patotear, si no a demostrar con hechos con gente que conoce la parte técnica que todos los argumentos que habían sacado eran una falacia”. Que “no tengo ningún problema en disculparme” porque “fue una reacción totalmente desmedida” y “no debí haberme puesto de esa forma”. Claro como el agua.
Entonces, el tardío mea culpa merece un par de observaciones.
Por un lado, no hubo desinteligencia alguna, menos de parte de los muchachos del diario. Lo que los muchachos del diario pensaron como una nota terminó en lo que fue y no por voluntad de ellos.
En segundo lugar, no hubo ni discusión ni cambio de ideas. No puede haberla nunca cuando seis personas rodean, increpan y amenazan a otra, buscando amedrentar y sin voluntad (o capacidad) alguna de facilitar el diálogo que en teoría fueron a buscar.
Además, el señor y los suyos no desmintieron la supuesta falacia publicada por el diario porque no quisieron, o bien no pudieron. En cambio, para reforzar lo publicado, EDFM buscó la opinión de especialistas en seguridad laboral y de empleados de la DPOSS que avalaron lo publicado en cuanto a la falta de medidas de seguridad durante la reparación de un acueducto.
Por otra parte, tampoco hace falta que el señor se disculpe con el colega amenazado ni con el resto del personal de EDFM. Ya pasó el tiempo, le damos la derecha, se equivocó y lo admitió.
En todo caso, a la que le tendría que pedirle disculpas es a la gobernadora Fabiana Ríos, y a quienes la votaron y no la votaron. Porque ese mal actuar como funcionario del Gobierno dejó mal parada a la mandataria, en su figura de depositaria de la representatividad que le confirió el pueblo a través de las urnas.
Incluso, si hubiera intentado un gesto de grandeza, podría haberle dicho a la gobernadora “me mandé esta macana, acá tiene mi renuncia”.
En todo caso, preocupa que ese tipo de accionar tienda a convertirse en moneda corriente, más cuando hay señales de ello y varias. De hecho, no faltan los funcionarios, legisladores y concejales oficialistas que no quieren hablar con este y otros medios. Algunos de ellos, al igual que Díaz Ramos, también amenazan, o “ningunean” (palabreja de moda) o faltan el respeto ante la requisitoria del periodista de turno.
A esta altura de la era Ríos, sería un milagro que el funcionariado entienda que los medios no sacan ni ponen a nadie. Y menos a un funcionario de tercera línea que ocupa circunstancialmente un cargo. Para eso está la gobernadora. O el jefe de Gabinete.
Ese jefe de Gabinete que cuando pasó lo que pasó respaldó férreamente a Díaz Ramos y puso en duda la agresión sufrida por nuestro periodista, argumentando que se permitía dudar de la veracidad del diario por anteriores publicaciones que no fueron del agrado del oficialismo.
Espíritu de cuerpo que le dicen. Y de paso, matar el mensajero.
Pero Díaz Ramos habló y admitió, y ahora se plantea la duda: ¿Mintió el diario denunciando públicamente una agresión que para el Gobierno no existió, o mintió Aramburu diciendo que es mentira lo que el diario denunció?
Y ahora que Díaz Ramos admitió su yerro, ¿repudiará Aramburu lo que sucedió con el mismo ímpetu con el que entrevió que la agresión y la amenaza eran mentiras?
¿Habrá tirón de orejas para el titular de la DPOSS por haber dicho lo que dijo, dejando “culo pa’l norte” a su superior que lo defendió en los medios?
A esta altura, con tantas cosas que dicen y desdicen los funcionarios (los que están, los que estuvieron y los que vengan en 2015), la verdad, poco importa. Y que Aramburu siga en su mundo de verdades y mentiras.

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