Opinión

La expresión y la libertad

16/07/2012
P
or Alejandro Rojo Vivot (1)

“De golpe lo embargó el miedo, el terror: con los tiempos que corren, ¡no es bueno que lean papeles como ese! Podían resultar de ello grandes contrariedades”. (2) Alexander Solyenitzin (1918–2008) (3)

En los sistemas autoritarios y en las estructuras verticales al extremo existen jerarquías claramente determinadas por algunos que condicionan al resto y, ante cualquier intento de apartarse de las reglas establecidas, el disciplinamiento es brutalmente preciso para atemorizar al que se atreve a ejercer la libertad y como advertencia para amedrentar a los demás. Las dictaduras, de cualquier signo ideológico, llegaron al exterminio o a la reclusión en verdaderos campos de concentración; a veces amparados en normas y en procesos judiciales: el delito de pensar en forma autónoma y expresarlo con libertad.
Los autoritarios siempre buscan la autocensura como denigrante y la más económica respuesta al intento de mantener alternativas independientes, ante la búsqueda por generalizar el discurso único favorable al poder de turno.
En regímenes democráticos también encontramos bastantes ejemplos de intentos hegemónicos, donde ciertos personajes públicos se amparan en dignidades creándose microcosmos arbitrariamente impolutos aunque transiten por el barro de la connivencia entre los poderes y la corrupción al orden del día. La teoría conspirativa alienta la creación de fantasmas que acechan por doquier en sociedades unidireccionales de pensamiento único, donde existen buenos o malos, aliados o enemigos, obsecuentes o traidores a la patria, aplaudidores o cipayos.
El siglo XXI ya se caracteriza por algunas cuestiones como, por ejemplo, la libertad que se genera y generaliza a través de la informática que fácilmente salta fronteras, pone en jaque a las arcaicas costumbres inclusive algunas legalizadas y sostenidas por quienes usufructúan de las mismas ejerciendo una cuota significativa de poder, etcétera.
La libertad es un derecho en constante crecimiento y diversificación avanzando en cuestiones impensadas hace poco tiempo; lo que era delito en la década pasada hoy lejos están de serlo pues la realidad de los acontecimientos les invirtió la impronta; los ejemplos son tantos que tan sólo enumerarlos nos llevaría completar varias páginas. En tal sentido es dable recordar al Premio Nobel de Economía 1998: “El desarrollo puede concebirse (…) como un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos” (4).
La libertad y el libertinaje son cuestiones bien distintas y nunca la una puede conducir a la otra; craso error es sostener que menos libertinaje es más libertad o que la libertad acrecentada es una aproximación al libertinaje. Confundirlas es malicia o impericia; ambas consideraciones nos acercan peligrosamente al abismo.
Pensar de una manera determinada y expresarlo públicamente es una clara manifestación democrática donde el control social puede, llegado el caso, intervenir encausando los debates; la falsedad, tarde o temprano cae por su propio peso y la verdad, aunque no se la pueda probar judicialmente, siempre triunfa.

(1) Ha publicado más de 20 libros de su autoría.
(2) Solyenitzin, Alexander. Pabellón de cancerosos. Ercilla. Página 207. Santiago, Chile. 29 de diciembre de 1969.
(3) Premio Nobel de Literatura, 1970.
(4) Sen, Amartya. Desarrollo y Libertad. Planeta. Página 19. Buenos Aires, Argentina. Agosto de 2000.

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