Opinión

El Estado es mío, mío y mío

28/08/2012
P
or J. Daniel Guzmán, redactor de el diario del Fin del Mundo

Como un mal deja vu, la gestión de Fabiana Ríos reproduce un acto que parecía impropio de una mujer que se forjó en las antípodas del manfredottismo, pero que se pone en paralelo con absoluta evidencia, cuando se adueña y desfigura uno de los símbolos que identifican al Estado, como lo es el escudo de la provincia de Tierra del Fuego y la denominación correcta de esta misma.
Al igual que lo ejecutó el menemismo vernáculo que entre 1999 y 2003 quiso diferenciarse de su antecesor José Arturo Estabillo al institucionalizar con total desparpajo aquél “Nuevo Gobierno de la Provincia de Tierra del Fuego”, Ríos transforma el escudo de la Provincia en un sello y en una sigla al nombre que le otorgó el Congreso de la Nación Argentina.
Para ello, al escudo le quitó la diversidad de colores, lo encorsetó con un círculo celeste y lo homogenizó con un indisimulado rojo que remite directamente al isologotipo de su nueva fuerza política –el Partido Social Patagónico–, y a su extensa y descriptiva denominación de Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, la comprimió en un “GobTDF”.
Posiblemente no haya sido la Gobernadora en persona quien mandó a cambiar el nombre que le otorgó el Congreso y a modificar el escudo que diseñó –concurso de por medio–, la joven Rosana Giménez.
Lo que no caben dudas es que Fabiana Ríos debe haber aprobado ambas utilizaciones ya que se muestra de manera permanente y cómoda junto a este símbolo y simplificación personalísima, en cuanto acto se lleve adelante y en los nuevos carteles que anuncian alguna obra, como se lo puede apreciar en la rotonda del Polivalente donde se entrelazan las arterias Alem, Yaganes y Héroes de Malvinas.
Que lo haya hecho Carlos Manfredotti, emulando la apropiación del Estado que hacía el ex presidente Carlos Saúl Menem, cuando cerraba cuanta publicidad oficial con aquél: “Gestión Menem”, no era incoherente; pero que lo haga María Fabiana Ríos, hace ruido por todos lados.
Durante los años de hierro del franquismo español, “el generalísimo” hizo más o menos lo mismo. Al escudo del reino de España, le incorporó el lema “Una Grande Libre”, junto con otros motivos heráldicos que se sumaron al máximo símbolo tradicional ibérico.
La simbología del franquismo era el conjunto de elementos que se utilizaron como referentes icónicos para identificar visualmente al régimen y a las personas e instituciones que se identificaban con él, marcando sin medias tintas, la apropiación (simbólica) de lugares emblemáticos, muchos de ellos utilizados como espacios de la memoria.
Como perro que mea el árbol, para marcar pertenencia y territorio, Francisco Franco Bahamonde utilizaba masivamente sus íconos visuales –siguiendo las modernas técnicas de propaganda de la época–, consiguiendo una presencia abrumadora en todos los ámbitos públicos y privados: banderas, escudos, efigies, monumentos, sellos, medallas, insignias, uniformes y distintivos de todas clases. Incluso los asientos de los transportes públicos eran objeto de apropiación simbólica para perpetuar el recuerdo de la “Gloriosa Cruzada”, donde carteles indicaban; “reservado para caballeros mutilados”.
A la ausencia de legitimidad democrática de su régimen, Franco contrarrestó con un desesperado impulso de alternativas de corte carismático en consonancia con el fascismo italiano o el nazismo alemán, sus aliados al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La ausencia de crítica interna y la falta total de oposición (ya que la existente era perseguida o asesinada), produjo desde muy temprano un verdadero culto a la personalidad del Caudillo.
Lejos de ser Franco, toda vez que nuestra mandataria posee toda la legitimidad democrática que le otorgaron los votos en dos elecciones consecutivas, sí está a la vista que su gestión se apropia de los dos símbolos fundacionales que identifican a la provincia del Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, los modifica y altera, transformándolos en su sello personal y temporal. Así María Fabiana Ríos se deslegitima a sí misma, sin necesidad de ayuda externa.
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