Punto de vista

Tiempos violentos

26/08/2010
P
or la licenciada Patricia Caporalín

Sobre la frase “la violencia es producto de la marginación”, que tanto he escuchado en estos días, quisiera hacer una pequeña reflexión ayudada por el aporte del psicoanálisis.
Denominamos “proyección” a un mecanismo por el cual se expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, pensamientos, que no se reconocen como propios o se rechazan de sí mismo. Es una defensa de origen muy arcaico, que al principio de nuestra vida ayuda a la constitución de nuestro psiquismo, pero que, usada en exceso (“siempre los excesos son malos”), provoca patología.
En este momento, la proyección de los propios sentimientos de enojo y violencia, hacen temer a la violencia que viene “de afuera”. Entonces, podemos pensar que el “miedo al Escondido” y a “esa gente que viene de afuera a dañarnos”, al inmigrante–usurpador, encierra en realidad, el sentimiento de enojo, el deseo de dañar al que viene, al que daña mi paisaje, al que modifica las condiciones en que estoy acostumbrado a vivir y que no tenía en mis planes ni proyectos ver tan modificadas.
El clima que se genera se denomina paranoide: esto es, un clima en el que espero un ataque (que en realidad yo deseo realizar, repito) que, a su vez, justificaría mi enojo y mi “defensa” violenta.
Es decir: no es que estoy enojado por lo que estoy enojado, vos me querés atacar y yo sólo me defiendo de tu violento ataque.
No aceptar y reconocer las emociones violentas, agresivas, genera este clima paranoide y todo empieza a ser proyectivo, esto es, alejado de la realidad más clara y constructiva. Se vive en un clima de violencia contenida como barril de pólvora donde un acto podrá ser leído como disparador de esa violencia acumulada. Y que se salve el que pueda.
Ahora bien, ¿qué se puede hacer para mejorar? ¿Qué ayudaría? Obviamente el tema es muy complejo y sólo pretendo dar una línea de análisis con el objetivo de colaborar desde el terreno que conozco: el de la cura en psicoanálisis. Desde allí, a decir del maestro Rolla, las cosas son “paso a paso con convicción y paciencia”.
Lo que ayudaría sin dudas, es reconocer como propia la violencia y agresión que se le adjudica al otro, para ser más objetivos y, precisamente, más responsables. La “portación de cara” es un ejemplo clásico del mecanismo antes descripto. Ahí es donde justifico actos violentos apoyados, precisamente, en el lema “la marginación genera violencia”. ¿No es la marginación una forma de violencia?, ¿no soy violento cuando margino?
Si sigo diciendo lo primero, estoy diciendo que los que quedaron marginados, están enojados porque los marginamos, y si yo no me siento marginado entonces estoy con culpa por mi “suerte” y miedo a la represalia del otro. Seré culpable de mi suerte de no ser marginado pero ¿qué voy a hacer? La vida es injusta, ¿no?
Si acepto que cuando margino agredo, violento, que me da bronca que haya marginados, y si acepto mi participación, mi bronca, al menos seré más realista. Me quedará el trabajo de cuidar qué hacer con esa bronca, de no convertirla en una destrucción que, a la larga me destruirá. Pero al menos no estaré con la escopeta esperando el ataque de afuera que en realidad son mis ganas de atacar.
Si no empezamos a reconocer la violencia que hay en cada uno de nosotros, así como en lo individual aparece la enfermedad psicosomática, la actuación o la salida de la realidad, a nivel social, aparecerá como consecuencia la deshumanización, la desobjetivación y las escaladas violentas justificadas por la “violencia que estaba por venir”.
En este clima los sujetos se enferman. Según la fragilidad que traen de su propia historia reaccionarán de una u otra manera. Pero en un clima tan enfermo, no es fácil estar sano y mucho menos vivir bien. Creo que tenemos que reunirnos como ciudadanos francos, aceptando nuestro deseo de vivir lo mejor posible y sabiéndonos humanos, imperfectos, llenos de emociones non santas. En eso Freud nos dejó un gran legado para entendernos más. Usémoslo para mejorar.

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