Punto de Vista

El desafío de hacer una ciudad soñada

07/09/2011
P
or Guillermo Worman

Hay un sueño de ciudad futura por cada persona que la habita. Su concepción y gestión es un desafío conmovedor. Implica pensar la convivencia desde lo más individual hasta lo excelso de lo colectivo, desde lo más pequeño hasta lo espacioso; y más allá.
En el ejercicio de idear una ciudad se ponen en juego pedacitos de expectativas que suman y restan constantemente entre sí, ya que hay que pensar la ciudad como un espacio público (en el sentido estatal y colectivo) que nunca responda a los intereses de una minoría. Apenas se cierran los ojos para comenzar a soñar el “cómo será” aparece un conflicto que se superpone con otro y otro, como en una sucesión de anhelos distintos y paralelos que cada uno quiere concretar. Imposible así.
En ningún lugar recóndito de la Tierra han encontrado la fórmula para armonizar esperanzas tan diferentes, aunque se han logrado construir acuerdos en donde todas las partes ceden y concesionan en función de ganar por ser parte de un proceso que supera lo individual.
Vayamos a lo nuestro: el viernes hay una audiencia pública para intentar poner sobre la mesa todo lo que está en danza en relación al frente costero de la ciudad en donde vivimos. La característica del sueño es que sólo puede ser soñado por los soñadores y nadie sueña por otro. De allí que soñar una ciudad es abrir un espacio para que su comunidad suelte y despegue sus expectativas hacia delante. Sí el proceso es colectivo, también lo es su responsabilidad. Por el contrario, los proyectos de desarrollo escritos o dibujados entre cuatro paredes terminan por involucrar sólo a aquellos que no se atrevieron a abrir el juego y el plan termina, en definitiva, por ser un dibujo que acaba olvidado en el fondo de un cajón.
No estamos ante cualquier costa y esto lo sabe mucha gente. Estamos ante el frente costero de la “Ciudad más austral del mundo. Esto es un parte. También es la costa de quien nació y se crió en estas latitudes. Es el lugar de quien vino en búsqueda del sueño del pan, del techo y el trabajo. De quien dejó afectos para intentar construir algo mejor que lo vívido, cediendo su presente por el futuro de sus hijos.
Hace unos pocos días el arquitecto Raúl Fernández Wagner (que viajó para ayudar a pensar un plan integrador costero) decía que “una ciudad es sus espacios públicos”. Escasea mucho de esto último es esta ciudad tan emblemática. Públicas son las calles, las veredas (como se decía en los juegos de la infancia), las pocas plazas y los edificios de un Estado multipresente. La costa aún no. Ahí la diferencia. No es ciudad.
Aunque cueste expresarlo, el objetivo es breve: Costa para todos y todas. Para grandes, jóvenes y chicos. Un frente costero para producir y disfrutar a la vez. Una costa que permita generar riqueza colectiva y no individual.
No tenemos que dejar de ver que, cuando un espacio público se captura o privatiza, algo del sentido de una ciudad se pierde y se vacía de sentido.
Por un sin número de circunstancias (este medio como otros han favorecido mucho el debate), es momento de pensar qué va a suceder en la costa de Ushuaia en los próximos años.
Es una oportunidad que se abre muy extraordinariamente, ya que no hay hábito de deliberar sobre los grandes temas comunitarios. Mucho del valor de la audiencia pública del viernes pasa por allí.
Por lo tanto, no sirve un proyecto pensado sin que aquellos que deban estar, no participen de su elaboración y gestión. Por eso se está empezando a hablar de un plan de gestión, ya que hay que “gestionar” los múltiples intereses que dan vuelta sobre la línea de costa de la ciudad.
Habrá que pensar en unos y en otros. En las necesidades de un puerto que recibe turistas, contenedores y opera en la logística de la Antártida, como en el traslado de la Base Naval Ushuaia hacía el frente de donde hoy la conocemos. Algo similar con la actividad industrial.
La costa posible es aquella en donde un sector piense y contemple las necesidades y conflictos del otro. Y viceversa.
En algo de todo esto se pensó cuando ocurrió la decisión del Municipio de llamar a una audiencia pública para que la ciudad de Ushuaia cuente cuál es el sueño que tiene para su costa. No hay otra cosa.
Por eso, la costa debiera ser de la mayor cantidad de vecinos posibles. Así, será simplemente “la costa de Ushuaia y de sus gentes”.
Mañana, en la Audiencia, se concreta la oportunidad para expresar las distintas visiones que existen sobre el futuro de un sector de la ciudad. Ya hay varios síntomas alentadores, pero nos falta dar un paso concreto que demuestre una puesta en valor pública efectiva.
La pregunta podría ser: otras ciudades lo lograron, ¿Nosotros, seremos capaces?
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