Punto de Vista

Profesionalizar el Estado: el día que la espuma nos llegó al cuello

17/04/2013
P
or Guillermo Worman

Si no hay lugar para el pluralismo dentro del mundo de la política, tampoco hay espacios para la profesionalización de la labor estatal. Es que un antagonismo falso se ha instalado como principio básico para gobernar: los militantes cercanos, familiares y amigos son los únicos que garantizan confianza para llevar adelante una gestión. Dicen, muy a menudo, que debe ser gente afín, sumisa y silenciosa. Una periferia que no cuestiona y que se deja llevar por la intuición voluntarista del gobernante y su entorno cercano.
El profesionalismo, entonces, es entendido como una amenaza. Viene a coartar decisiones de índole político, y deja en offside medidas de corto plazo, muchas veces inconsultas y de baja efectividad. Por eso se habla de “los políticos” en lugar de “los representantes”. Básicamente porque el ejercicio de la representación es cuasi inexsistente y las decisiones políticas (y no técnicas) son las que imperan.
La decisión política se basa en corazonadas, intuiciones de por dónde hay que transitar y en la búsqueda de efectos y resultados en el muy corto plazo. De allí que, como normalmente sucede, las temáticas estructurales, aquellas que implican años de transformación y desarrollo, por lo general no se llevan adelante (IPAUSS, cloacas, agua, democratización judicial, entre otras).
El tiempista político vive en tiempo real. Su agenda se construye en el día a día. Por eso la continuidad de decisiones, sobre todo entre una gestión y otra, son sucesos inconcebibles. Así, muy difícilmente, un grupo de profesionales o técnicos vaya a acompañar medidas efectivistas y que se toman para ser retratadas por la cámara más cercana.
Por eso los cuerpos profesionales dentro del Estado son percibidos como estorbos que impiden el desarrollo de objetivos personales y partidarios de la gestión.

Agradezcamos que fue detergente

El viernes pasado por la noche, varios vecinos reportaron la presencia de grandes cantidades de espuma sobre la superficie del río Olivia. Casi de inmediato se activaron los canales de aviso ante una emergencia pública. No se utiliza, por ejemplo, un número único para centralizar este tipo de situaciones (911). Los avisos fueron hacía Prefectura, Defensa Civil (en la misma ciudad hay dos), cuarteles de bomberos (todos descentralizados), Policía provincial y otras dependencias públicas de ambos estados. Incluso llamados personales.
Como era de esperarse, todos reaccionaron hacía el mismo sector y, merced a la buena reacción individual de quienes se encontraron en el lugar, rápidamente se llegó al origen del derrame: dos contenedores, uno rojo y otro azul, cargados con un detergente industrial utilizado por una fábrica de Río Grande.
El deposito no se encuentra sobre las orillas del rio Olivia, sino que el uso de agua para limpiar el volcamiento provocó la generación de espuma que alcanzó su pico máximo luego del salto que tiene el río, justo frente al relleno sanitario municipal.
La Prefectura Argentina fue la primera en identificar el suceso y rastreó el camino que vinculaba la playa de contenedores con el pluvial que desembocaba en las aguas del canal Beagle. Al poco tiempo, más de cuatro kilómetros de río estaban decorados de espuma blanca. El mayor peligro se advirtió dentro de la estación de piscicultura que tiene la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable.
Aquí cobra sentido lo escrito en párrafos anteriores. El conjunto del personal de la Prefectura estuvo liderado por el Subprefecto José Amendola, un especialista en procedimiento de salvamento y control de daños ambientales. Amendola es un profesional formado a nivel nacional y recientemente cursó una actualización en Japón sobre sustancias peligrosas. Si bien la labor fue multilateral y correctamente coordinada, sólo la Prefectura contaba con información técnica sobre las características del producto derramado, grado de peligrosidad, comportamiento y estrategias de contención y mitigación de posibles daños. De allí que, con buen criterio, tanto funcionarios como personal técnico y efectivos policiales conformaron un grupo que se articuló para sobrellevar la situación, y tomar medidas de prevención y monitoreos ante posibles daños.
La correcta capacitación del resto del personal evitó superposiciones y reacciones desmedidas. En pocos minutos se organizó el control del curso del Olivia y se verificó su situación hasta las primeras horas del sábado por la mañana.
Esto es sólo un ejemplo que indica que el profesionalismo de la función pública debiera ser una obligación permanente de cualquier gestión. Es nuestro caso, la formación del personal debiera ser conjunta entre estados para maximizar los resultados y volver más eficiente la inversión pública. Son por separado.
¿cuántas instancias de capacitación técnica tienen los empleados públicos en Tierra del Fuego? ¿cuáles son los criterios profesionales o de idoneidad para definir las cabezas de áreas netamente técnicas? ¿qué nivel de esfuerzo presupuestario realiza el Estado para planificar y desarrollar el talento de su propio personal?
Tal como advirtió uno de los periodistas de Radio Nacional Ushuaia, la ciudad tuvo suerte que la sustancia fuera solamente un detergente que navegó por la superficie del río y no otra que decantara en sus sedimentos.
Este tipo de depósitos suelen funcionar directamente sobre tierra y ninguno de ellos tiene sistemas de contención. En ellos, además de estacionar una enorme diversidad de elementos y sustancias dentro de los contenedores, es frecuente ver la limpieza de grandes máquinas y, lo más peligroso, el cambio de filtros y aceites sin mayores medidas de prevención. A modo de ejemplo, en plena zona industrial de la ciudad, se alojan la totalidad de los camiones que trasladan hidrocarburos en un predio que no cuenta con mecanismos para la prevención de derrames.
Se sabe que existen protocolos de procedimientos y ya están homologados las medidas que deben exigirse a los establecimientos que almacenan sustancias peligrosas. En este caso, gracias al profesionalismo que mostró la dependencia a cargo del Prefecto Mayor Federico Bader, el procedimiento tuvo un alto nivel de desempeño.
Si la próxima ocasión no es detergente, más vale que el Estado se encuentre a la altura de las circunstancias. Esta vez fue solo espuma.

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