E
l humor es una de las manifestaciones más genuinas de la inteligencia aunque, con alguna frecuencia, molesta a quienes son así interpelados con particular agudeza, sobre todo si han construido personalidades en extremo estructuradas, con temperamentos con sesgos autoritarios, egocentrismos exacerbados, etcétera; eso es más evidente cuando deben enfrentarse públicamente ante la exposición de agudos puntos de vista distintos a los esgrimidos asiduamente por ellos, en discursos altisonantes, a la manera de verdades teleológicas o revelaciones de profetas contemporáneos panfletarios, que logran adhesiones significativas sin análisis crítico aunque sea el más elemental, inclusive ante palmarias y reiteradas contradicciones.
En unas cuantas oportunidades, cómicos y humoristas han tomado a los procesos electorales como grandes oportunidades, de significativa visibilidad pública, para ejercer la ironía desarrollando sus análisis sobre la política en general y, a veces, postulándose e inclusive, en muchas circunstancias, resultaron exitosos, esgrimiendo que, como lo expresado por el imaginativo y célebre madrileño Enrique Jardiel Poncela (1901-1952): “Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa”.
En la elecciones generales de Brasil de 2014, donde la presidente reiteró que si era reelegida no iba a cambiar el rumbo de la economía y que, luego de triunfar hizo todo lo contrario sin mencionar el palpable incumplimiento a su palabra, se realizaron numerosos casos de presentaciones basándose en la adopción de burlescos nombres de fantasía, permitidos por la legislación electoral de ese riquísimo país con millones de pobres y una prolongada forma de hacer política sostenida, en parte, por la corrupción y el enriquecimiento de unos pocos con dineros aportados por los contribuyentes, opacando muchas veces a los probos políticos.
El humor absurdo estuvo al orden del día para denostar, también, la grave crisis de representatividad de la mayoría de los partidos políticos.
Veamos algunos ejemplos, de los muchos que se efectivizaron con dispar suerte electoral: “Cara de hamburguesa” (San Salvador de Bahía), “Michel Jackson Cover” (Mato Grosso del Sur), “Mr. Bean” (Acre), “Mick Jagger de Brasil” (San Pablo), “Lucas Presidente THC (mariguana)” (Santa Catarina), “Hombre Araña” (Salvador de Bahía), “Bin Laden” (San Pablo), “Jesús” (Pernambuco), “Olga un Beso y un Queso” (San Pablo), etcétera.
Cabe señalar que, por caso, en Salvador de Bahía hay dos legisladores locales más conocidos por sus respectivos sobrenombres: los concejales “Zé del Pan” y “João de la Gallina”.
Es importante reflexionar que lo aquí detallado refleja una vuelta de tuerca en cuanto que supera a las candidaturas testimoniales llevadas adelante en Argentina, que distorsionó los postulados mínimos de una campaña electoral pues se propuso: si triunfamos no cumpliremos ya que no asumiremos, mediante postulaciones basadas en personajes conocidos por sus trabajos, por caso, en la televisión, salas de espectáculos, etcétera, intentando trasladar las virtudes como cantantes, actores, etcétera, a la capacidad de ejercer cargos electivos con idoneidad.
También están los candidatos congruentes y transparentes, con cabal vocación pública que llevan adelante sus campañas con honestidad, por suerte.