Hasta siempre

Hasta siempre

13/07/2018
F

ueron veinticuatro años de compartir infinidad de momentos, atravesando innumerables situaciones y estados de ánimo. Enfrentamos dificultades, compartimos sueños, caminamos miles de cuadras. Litros de café acompañaron un sinfín de charlas. Discusiones sobre cómo veía cada uno la vida, la pasión compartida por intentar descifrar la política o el desarrollo del proyecto que terminó hermanándonos más allá de lo que cualquiera pueda suponer. Esa inolvidable experiencia que nos dio el privilegio de ir creciendo juntos.
La vida, con sus caprichosas e inesperadas piruetas nos tenía reservada una más de las que pensé. Nos regaló lo que ya por estas horas considero uno de los momentos más importantes de los que me ha tocado transitar. Nuestra charla de despedida, la última de tantas en la que nos terminamos sorprendiendo por no tener mucho más que decirnos a pesar de lo trascendental del momento. Me pregunté cómo podía ser que después de tanto y tanto conversado, justo ahora nos quedáramos sin palabras y la respuesta surgió de tu parte al recordarme que afortunadamente, a lo largo de todo este tiempo tuvimos la posibilidad de decirnos todo.
Miles de horas dedicadas a, como decíamos, tirar juntos de este carro, nos permitió llegar a jugar de memoria. Tener la mirada o el gesto cómplice para decirnos todo sin decir nada. A pesar de nuestros esfuerzos erramos más de lo que acertamos, pero no por eso dejamos de lado la capacidad de reírnos de nosotros mismos, sacudirnos la bronca y encarar de nuevo.
Y así fue hasta ayer, cuando tu tiempo entre nosotros se terminó.
Mi memoria atesora incontables momentos. Muchos conocidos por nuestras familias, otros por nuestros amigos y tantos sólo por nosotros. Y claro, cómo no va a ser así si como solíamos afirmar pasamos más horas juntos que con nuestras Esposas. Charlas, proyectos, risas, llantos, emociones, enojos, puteadas y hasta el lujo de algunos días de vacaciones compartidas se fueron sucediendo a los largo de los años conformando los condimentos básicos que cimentaron la lealtad de nuestra relación. Cierto que fuimos socios, pero más cierto es que somos amigos, y el tiempo verbal no es un lapsus, es un sentimiento absolutamente real.
Hoy no te tengo más en la oficina de enfrente. Mi llamado de “¿Mayiyo, estás?” no tendrá más respuesta, pero la presencia del valor amistad afortunadamente permanecerá presente cada día, y soy un agradecido por ello.
Ayer paramos todo para acompañarte, hoy volvemos a funcionar para honrarte.
No pienso despedirme, no por negar tu muerte, sino para realzar el tiempo vivido juntos.
Hasta siempre Rober, hasta siempre querido Amigo.

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