COLABORACIÓN

“Varones libres”

06/05/2019
A

llá por el año 2014 cuando comencé a colaborar con El Diario, tenía la determinación de preocupar a quienes leyeran mi columna respecto de los problemas que se hacían cada vez más evidentes a partir del conocimiento del orden de género propio del sistema patriarcal. No soy la única con dichas intensiones, estamos por todas partes convencidas que la incorporación de estas categorías y sus nefastas consecuencias van a transformar el mundo en un lugar mejor para todos y todas. Siempre hay que aclarar que no es una guerra de mujeres contra varones, de fulana contra mengano, que no se busca suprimir a nadie. No solo sigo convencida (como la mayoría de las mujeres) de la misma premisa, sino que además creo que en esta búsqueda de mejores condiciones de vida, los hombres, y el trabajo con ellos es un factor clave.
Esto que voy a señalar –que por cierto no se me ocurre a mí-, creo que es el futuro de las intervenciones en materia de género, me refiero en particular al trabajo con niños y adolescentes varones, y obviamente con aquellos hombres dispuestos a ganar en términos de libertad personal y genuina autonomía.
En principio voy a señalar que ser hombre hoy, no es solo producto de una decisión, es en la mayoría de los casos una imposición que trae tremendas consecuencias para la salud, la integridad y la felicidad de los varones, y que no es culpa o responsabilidad de ellos por haber sido socializados como lo fueron, pero si los son –culpables y responsables- en la medida que advierten esa situación y no la modifican.
Mucho se ha hablado de las formas de culturizar/socializar a los varones para que respondan a determinado modelo, pero es importante que puedan ponderar las consecuencias que en sus vidas tiene esa manera de estar en el mundo. Vamos con la realidad: de hombría se muere. No solo las mujeres viven mas años, sino que los varones mueren en mayores proporciones en las edades que podemos considerar más jóvenes. Las causas externas de muerte durante la adolescencia y la juventud de varones tienen que ver con el desarrollo de comportamientos mas peligrosos durante sus vidas que los desarrollados por mujeres (también conocidas como conductas temerarias). El honor entendido como ausencia de miedo, valentía, virilidad, osadía, asunción de riesgos, es en gran parte la explicación. Pensemos sino en accidentes, consumos, peleas, sexo sin cuidado, y todo lo que represente conductas de riesgo, ahí estarán representados nuestros varones jóvenes, ahora también blancos de denuncias por situaciones de violencia o abuso que ni siquiera advirtieron cuando las perpetraron. Por otra parte, aun reconociendo la existencia y consecuencias de esas conductas, hay un mensaje esquizofrénico en la forma que tenemos de culturizar/educar a varones. No tener miedo, soportar el peligro, enfrentar situaciones sin pensar demasiado, estar dispuestos a correr riesgos y a enfrentarse a lo desconocido ¿es necesario en nuestra cultura actual todo esto para sobrevivir? Si se pudiera asumir que esto trae de por si mayores riesgos que vivir con ciertos niveles del temor, que es necesaria la cautela para la sobrevida, la sensibilidad y la empatía, la colaboración, la solidaridad, el cuidado -entre otros valores atribuidos históricamente a las mujeres- ¿Por qué siguen por este camino?, primero entiendo que es por inercia, quizás por ignorancia de lo que importan las luchas actuales de los feminismos, y sobre todo, como destaca la genial Rita Segato, por mandato. Un mandato de masculinidad que los lastima día a día y los esclaviza porque deben mostrar a los demás cuan hombres son. Cada acto de violencia hacia nosotras las mujeres, busca doblegarnos, moralizarnos, pero sobre todo busca legitimarse frente a sus pares varones, en una espiral de violencia que no los deja ser libres, se trata de una performance para una tribuna atenta que siempre esta mirando.
Hay remedio contra esa masculinidad hegemónica. Muchos varones ya lo han advertido y poco a poco comienzan repensarse en nuevos lugares en su relación con las mujeres, con la vida familiar, con la vida pública en general. Sin embargo el trabajo con los jóvenes es central para adoptar formas de masculinidad mas igualitarias, potenciando aspectos creativos y humanos de los niños y adolescentes varones ofreciéndoles otras formas de autoconfianza, de valor, de independencia y de fortaleza. Tengo enormes esperanzas en el trabajo con ellos, en brindarles la posibilidad de reflexionar juntes que sostener un mandato que otorga un privilegio con altísimos costos para su salud y su integridad, no es ser libres. Ser libres es que nadie les diga ni les imponga como deben ser, sino que se trata de experimentar como quieren asumirse en la vida.

Autor : María Paula Schapochnik
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