l cartel dice “Prohibido estacionar”, pero lo dice en lenguaje urbano, no en idioma empresarial. Entonces la empresa de turismo lo traduce: “Estacionar acá está permitido si traés pasajeros con campera”. Porque la empresa no infringe normas, las gestiona.
No ocupa la calle: la usa estratégicamente.
Donde el vecino ve una infracción, la empresa ve logística. Donde hay una rampa, hay una oportunidad operativa. El cartel no prohíbe: dialoga.
Y en ese diálogo, la empresa escucha lo que quiere escuchar. Siempre escucha lo que le conviene.
El vehículo queda ahí, cruzado, firme, convencido de que el reglamento es flexible cuando hay servicio. Porque la empresa de turismo no estaciona mal: optimiza el espacio urbano. Y si molesta, es parte del circuito. Total, después se va… y la ciudad queda practicando paciencia.