n sobrevuelo realizado por una aeronave del Reino Unido en cercanías de la Base Belgrano II encendió señales de preocupación entre especialistas y autoridades argentinas dedicadas a la política antártica. La maniobra, registrada días atrás en el sector donde se encuentra la base más austral del país, fue observada como un movimiento inusual que podría tensionar la interpretación del régimen jurídico vigente en el continente.
Según el reporte difundido, el vuelo fue efectuado por un avión británico cuya trayectoria coincidió con el área de operaciones de la base argentina. Aunque no se violó espacio aéreo —ya que el Tratado Antártico no reconoce soberanías en la región—, la acción generó inquietud debido al contexto y a la sensibilidad geopolítica que rodea la actividad en torno a la Antártida. Los especialistas señalan que la maniobra obliga a revisar protocolos de respuesta y evaluar escenarios de riesgo, en referencia al rol argentino en la región.
La Base Belgrano II se encuentra sobre la barrera de hielo Filchner, en uno de los puntos más aislados y de condiciones más extremas del planeta. Allí funcionan programas científicos de larga duración que requieren apoyo logístico continuo. Cualquier movimiento militar o cuasi militar en las proximidades suele ser observado con atención, en particular cuando involucra a países con los que Argentina mantiene disputas territoriales en el Atlántico Sur.
En el plano diplomático, el episodio abre interrogantes sobre la interpretación de los acuerdos que regulan la actividad en el continente blanco. El Tratado Antártico, que rige desde 1961, establece la prohibición de realizar actos de naturaleza militar ofensiva y limita estrictamente el uso del territorio a fines pacíficos y científicos. La presencia de aeronaves militares o de apoyo estratégico, aun en tareas justificadas, suele ser evaluada bajo criterios de ‘transparencia y cooperación’ para evitar incidentes o malentendidos.
Expertos consultados por el medio señalaron que movimientos de este tipo “pueden anticipar un aumento de la competencia geopolítica” en torno al futuro de la Antártida, especialmente de cara al vencimiento de las cláusulas del Protocolo de Madrid en 2048, que regula la protección ambiental y prohíbe actividades extractivas. En esa línea, advirtieron que los países con capacidad de proyección logística buscan reforzar su presencia para consolidar posiciones en debates futuros.
Argentina, a través del Instituto Antártico y del Comando Conjunto Antártico, realiza campañas anuales que requieren navegación de rompehielos, operaciones aéreas y apoyo de bases. La presencia sostenida es considerada clave para sostener la continuidad científica y demostrar actividad efectiva, un elemento que también incide en las discusiones internacionales.
El episodio no derivó en reclamos formales, pero motivó análisis en ámbitos especializados y renovó la discusión sobre los límites, riesgos y desafíos vinculados a la actividad extranjera en zonas próximas a instalaciones argentinas. Los especialistas coinciden en que el país deberá reforzar políticas de monitoreo, cooperación internacional y presencia permanente para evitar interpretaciones desfavorables en un escenario global en transformación.