n el fascinante mundo del turismo, donde todo es “experiencia”, las empresas de transporte han decidido ofrecer una inmersión total… pero en el caos vial. Micros estacionados donde pinta: esquinas, rampas para discapacidad, sendas peatonales, descensos sobre la calle y libre interpretación de las normas de tránsito sobre el estacionamiento permitido
Como ya lo han planteado referentes del sector, la lógica es impecable: si la actividad genera recursos, lo demás es decorado. La empresa trabaja a su antojo; el resto, que se arregle. El peatón espera, el conductor improvisa y la norma… la norma contempla, discreta, como quien no quiere arruinar el negocio. Porque nada dice “bienvenidos” como un colectivo atravesado en la calle, recordándonos que el espacio público es, en realidad, privado… siempre y cuando facture.