ntes que una colonia de pingüinos, parece una oficina pública. Llega el momento de decidir, de cumplir un compromiso o de hacerse cargo de una responsabilidad.
—¿Lo tenías que hacer vos?
—No, vos.
Silencio. Los dos giran la cabeza y miran para otro lado. El expediente espera, el acuerdo se enfría y la obligación queda flotando en el aire.
La escena es una parodia, pero para muchos refleja una sensación conocida en Tierra del Fuego: cuando llega la hora de tomar decisiones, cumplir acuerdos o asumir responsabilidades, empieza el gran juego del "no me corresponde".
Nadie firma, nadie resuelve y todos encuentran una excusa para mirar hacia otro lado. Así, entre desentendidos y obligaciones que siempre parecen ser de otro, los compromisos quedan congelados. Como los pingüinos, inmóviles. Y la provincia, esperando que alguien, alguna vez, decida hacerse cargo.