a discusión sobre cómo sostener la industria fueguina encuentra a empresas trabajando por debajo del 40% de su capacidad instalada y, en algunos casos, cerca del 20%. Frente a ese escenario, los recursos que todavía conserva el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP) aparecen como una herramienta disponible, aunque con límites para atender directamente la crisis fabril.
El presidente de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garofalo, sostuvo que la aplicación de una parte de esos recursos depende de que las administraciones locales presenten iniciativas que puedan ser financiadas. “Ahí se tienen que mover las autoridades provinciales y municipales para empujar obras que puedan ser financiadas con ese dinero”, afirmó, y remarcó que “hay fondos disponibles y es realmente ilógico que no sean aplicados”.
Explicó que el esquema del FAMP cambió porque ya no ingresan nuevos aportes, aunque permanecen recursos acumulados. Según detalló, un 60% está bajo administración nacional y el 40% restante fue destinado por las compañías a proyectos propios. En este último caso, las empresas mantienen la obligación de concluirlos, aunque pueden realizarse adecuaciones en los plazos o en sus dimensiones.
Sobre la porción administrada por Nación, señaló que las empresas no participan en la definición de las prioridades y que los fondos pueden financiar obras públicas o actividades por fuera del régimen industrial. Sin embargo, advirtió sobre las demoras en su utilización. “Hay fondos para obras públicas, hay fondos para financiar actividades que no tengan que ver con el régimen industrial, y eso viene bastante demorado”, indicó.
En ese punto, consideró necesario que Provincia y municipios impulsen proyectos elegibles para intentar movilizar los recursos disponibles. Según planteó, el Gobierno nacional difícilmente avance por iniciativa propia si no existen propuestas concretas y, aun cuando sean presentadas, tampoco hay certezas sobre la velocidad con la que podrían aprobarse.
Garofalo aclaró que el FAMP tampoco puede ser considerado una respuesta directa para todos los problemas de las fábricas. Al estar sus recursos orientados principalmente a infraestructura, explicó que su utilización podría dinamizar actividades como la construcción, pero no resolver por sí sola la pérdida de producción y empleo dentro del régimen industrial.
El escenario fabril combina una fuerte caída de la demanda con mayor presión de las importaciones. En el sector textil, sumó la falta de definiciones sobre la aplicación del decreto 594 y el crecimiento de la competencia externa. Además, señaló que, aunque todavía no existe una resolución oficial, desde áreas nacionales anticiparon a las empresas que no se renovarían determinadas medidas antidumping, una decisión que podría afectar especialmente a la producción de aires acondicionados.
Frente a la capacidad instalada que está quedando ociosa, CAFIN impulsa alternativas para facilitar la sustitución de productos y permitir producciones temporales cuando aparezcan oportunidades de mercado. Garofalo explicó que esas propuestas fueron elevadas al Gobierno nacional para intentar preservar plantas y puestos de trabajo, pero hasta el momento no obtuvieron respuesta.
El empresario remarcó que una reconversión de esa magnitud no puede realizarse de manera inmediata. Mencionó los casos de industrias textiles de Italia, Turquía y Corea del Sur, que lograron adaptarse mediante especialización y nuevas políticas productivas, pero después de procesos que demandaron alrededor de 15 años y que incluyeron intervención estatal para sostener el empleo durante la transición.
Por ese motivo, planteó que la discusión sobre qué hacer con los fondos disponibles debe formar parte de una estrategia productiva más amplia. “Hace falta un plan integral de reactivación para ver hacia dónde va Tierra del Fuego. Eso no existe”, advirtió, al señalar que disponer de recursos sin una orientación definida dificulta convertirlos en una herramienta efectiva frente a la crisis.
Garofalo sostuvo que existen experiencias internacionales que pueden servir como referencia, pero consideró indispensable definir primero el rumbo productivo provincial. “En la medida que no exista una idea, un camino recto hacia dónde conducir para evitar que desaparezca la industria fueguina, que se pierdan 50 años de inversión público-privada, es muy difícil avanzar”, afirmó. Para poner en marcha ese proceso, concluyó, “hace falta voluntad política”.