e llama Ushuaia, pero navega con bandera de Togo. Fue construido en Estados Unidos, tiene nombre argentino y acaba de visitar las Malvinas, territorio argentino ocupado por Gran Bretaña. Una verdadera ensalada de nacionalidades, con ingredientes suficientes para provocar una indigestión diplomática.
El crucero zarpó de Ushuaia, recaló en Puerto Argentino y continuó viaje hacia las Georgias del Sur. Todo muy internacional, cosmopolita y pintoresco. Especialmente si recordamos que utiliza el puerto fueguino, actualmente intervenido por el Gobierno nacional, como plataforma logística para desarrollar pingües negocios turísticos vinculados con las islas y sus ocupantes.
La paradoja es extraordinaria: un barco con nombre argentino, bandera africana y fabricación estadounidense que conecta nuestro territorio con una ocupación colonial británica. Todo frente a nuestras narices, con una naturalidad verdaderamente admirable.
Al parecer, en estas aguas la soberanía es irrenunciable, pero los negocios son internacionales.