C
omo ciudadanos y estudiantes universitarios sentimos el deber de cuestionar las formulaciones del periodista Marcelo Pisarro en la nota titulada “La bolivianización de Tierra del Fuego”, publicada en la Revista Ñ de Clarín el mes de junio pasado.
El artículo cumple acabadamente con uno de los propósitos de la línea editorial de la revista: “provocar al lector”; sin embargo, consideramos que lo hace contradiciendo principios y valores que la institución responsable de la publicación declara sostener.
Desde el conocimiento de la problemática social de nuestra Provincia, tema abordado sistemáticamente en distintos espacios de nuestra formación académica, no podemos dejar de expresar nuestro desacuerdo con el contenido de la nota periodística y nuestras dudas sobre su intencionalidad. Una visión tan parcial y sesgada evidencia que el periodista –supuestamente “calificado” por desempeñarse en un importante medio de prensa nacional– no aprovechó (¿no supo? ¿no pudo? ¿no quiso?) la posibilidad que ofrece una “perspectiva desde afuera” para efectuar una lectura veraz, precisa y confiable de la realidad.
Nos preguntamos sobre la competencia de un periodista que después de haber escuchado a diversos informantes –desde taxistas hasta antropólogos– construye una escena maniquea de “buenos” y “malos” –”nosotros” y los “otros”– utilizando imágenes de cierta ficción cinematográfica que lejos de esclarecer, confunde. Una escena en la que hay más efectos especiales que argumentos. Una escena que no sólo simplifica, deforma, la realidad sino que silencia la diversidad de visiones de los habitantes de Tierra del Fuego sobre su contexto actual.
La visión racista y xenófoba que presenta Pisarro no es la visión de los fueguinos o por lo menos la de todos. Si bien en nuestra sociedad como en otras sociedades receptoras de flujos migratorios opera el conocido mecanismo de convertir al “inmigrante” en chivo expiatorio de los problemas, también existen otras miradas –menos ingenuas, menos ideologizadas, menos manipuladas– que permiten reconocer que los cambios obedecen a una convergencia de factores y que resultan de las responsabilidades e irresponsabilidades de diversos actores políticos y sociales.
Los asentamientos irregulares situados en distintos sectores de la ciudad de Ushuaia, algunos de mayor impacto ambiental en función de su localización en las laderas montañosas, no son un fenómeno nuevo en Tierra del Fuego. El déficit habitacional y el crecimiento urbano no planificado han sido constantes en las últimas décadas. La ocupación ilegal de tierras fiscales se fue configurando desde los años ochenta como una práctica regular, consentida por los poderes públicos. El Estado incapaz de responder satisfactoriamente al problema habitacional acepta el desarrollo de prácticas, procedimientos y acuerdos para-legales.
Además, estos asentamientos no son colectivos homogéneos en cuanto a la procedencia, tiempo de residencia, situación laboral y nivel de ingresos de las personas y/o familias que los conforman. Los resultados de los relevamientos efectuados por la Municipalidad de Ushuaia demuestran esta diversidad interna, particularmente el alto porcentaje de pobladores argentinos, tanto provenientes de distintas provincias del país como fueguinos.
Por otro lado, atendiendo al problema de la inseguridad, también aludido en la nota, nos limitaremos a citar las declaraciones del Defensor Público ante el Superior Tribunal de Justicia, Dr. Gustavo Ariznabarreta, del 18 de junio pasado: “la Defensa Pública debe tener más del 80 por ciento de las personas detenidas, no me atrevo a decir el porcentual, pero cerca del 90 por ciento, son chicos nacidos acá o son gente que ha venido hace unos 30 años atrás, dicho de otra manera son fueguinos”.
Los elementos que exponemos resultan suficientes para refutar el enunciado “Ushuaia cambió porque se llenó de bolivianos”.
La imagen que ofrece Pisarro enmascara los sistemas institucionales y de poder que amplían las desigualdades, impiden la satisfacción de las necesidades vitales y la consolidación de condiciones mínimamente aceptables. También induce a transferir la responsabilidad de los efectos sociales y ambientales de la insustentabilidad a los sectores subordinados, marginados o excluidos. Y desde esta visión contribuye a amplificar los prejuicios y a estigmatizar al colectivo elegido en este caso para servir de chivo expiatorio.
Pero el autor no se conforma con presentar una imagen “photoshopeada” de la conflictividad entre “fueguinos” y “foráneos indeseables” sino que busca un impacto mayor pronosticando una “confrontación explícita”.
Las irresponsables afirmaciones de Pisarro atentan contra nuestra identidad comunitaria, una identidad construida históricamente sobre la convivencia de grupos de procedencia y tradiciones disímiles, argentinos y extranjeros.
Por último, como futuros profesionales del Turismo no podemos dejar de advertir el impacto negativo que pueden generar sobre la actividad estas visiones apocalípticas del “fin del mundo” que buscan impacto mediático… ¿sólo buscan impacto mediático?
Natalia Martínez, Lais Bedoya, Angelo Fagnani, Horacio García, Javier Fernández, Paulo Lezcano
Alumnos cursantes de la asignatura Historia Americana de la Licenciatura en Turismo. Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco – Sede Ushuaia
Ushuaia, 6 de julio de 2010