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as deudas salesianas eran por los regalos para los nativos
Este día, desde Punta Arenas, Maggiorino Borgatello escribe a Don Rúa, según consta en el Boletín Salesiano de abril de 1895. En la misiva, se relatan las vicisitudes de los misioneros en las iniciales incursiones fueguinas.
Para los primeros viajes de instalación de la misión, los salesianos se pertrechaban de todos los elementos posibles para la construcción, víveres y objetos para regalar a los indígenas, lo que ocasionó cuantiosas deudas ya que todo había que comprarlo, según la queja que trasmite Borgatello. Luego, continúa con ella, al manifestar que sólo recibían un mínimo aporte de los estados argentino y chileno.
Inicialmente las misiones subsistieron con las donaciones de los cooperadores salesianos y el trabajo de sus misioneros. Recién hacia 1891, para la misión de la isla Dawson, el Congreso chileno aprobó en su presupuesto una asignación que fue inicialmente de cuatro mil pesos y luego subió a seis mil, ocasionando un importante debate en el parlamento sobre la utilidad del trabajo misionero. La acción salesiana era vista como extranjerizante y excesivamente independiente. Mientras el estado chileno aprobaba la partida, aunque con un fuerte debate entre católicos y liberales, en Argentina “prevaleció la aparición ‘espasmódica’ de medidas, leyes y decretos orientados a resolver casos específicos”, según explica María Andrea Nicoletti, en el trabajo “El Modelo Reduccional Salesiano en Tierra del Fuego: Educar a los “infieles””.
La autora sostiene que “los salesianos basados en la figura del indígena “infiel” estaban convencidos de la necesidad de adoctrinar para salvar y educar para trabajar, a seres que consideraban desde el punto de vista teológico “ignorantes de la fe” y desde lo antropológico culturalmente inferiores. (…) crearon un mundo propio y una metodología catequística y de educación en el trabajo que buscaba formar hábitos, adoctrinar, autoabastecer las misiones y modificar sustancialmente a las culturas originarias. Esta metodología aceleró el proceso de extinción de los fueguinos que ya se había iniciado antes de la llegada de los misioneros y que despobló y cerró las misiones salesianas”.