A
una semana de la detención de dos personas como sospechosas de haber participado en el crimen del artista plástico Miguel Pereyra, todavía no se sabe a ciencia cierta qué elementos concretos los vinculan con el caso.
De Cristian Sebastián Godoy Maldonado, de 33 años, sólo trascendieron sus antecedentes de violencia familiar, y sus múltiples contactos políticos, además de su apodo: “Petardo”.
Y de Brissalia Cossio, de 51 años, se sabe que es la ex esposa del artista asesinado el 30 de junio de un balazo en la cabeza, y que se desempeña como profesora de danzas folklóricas en el taller de danzas “Mirador del Olivia”, del barrio 640 Viviendas.
Según fuentes judiciales, ambos se conocen desde hace tiempo y la palabra “amistad” fue usada por las mismas fuentes para definir el tipo de relación que los une.
Por lo demás, también se dice que es “muy posible” que Maldonado Godoy haya conocido a Pereyra cuando éste estaba casado con Cossio.
Pero desde la detención de estos dos imputados por orden de la jueza penal María Cristina Barrionuevo, el pasado lunes 23, ninguna otra pregunta pudo ser contestada con datos certeros por los investigadores que intentan esclarecer el homicidio.
¿Cuál fue el posible móvil del asesinato?, ¿de qué manera habría participado en el hecho cada uno de los acusados?, ¿cuál es el rol concreto que se le atribuye a la mujer, quien por lo que se sabe no tiene antecedentes violentos y por el contrario suma buenas referencias por su desempeño en el taller de danzas?
No sólo eso. Tampoco se supo en estos siete días qué evidencias concretas existen contra estas personas para haber motivado su detención y vinculación a la causa.
Al momento de ser indagados, ambos se negaron a hablar por consejo del abogado defensor. El hombre, inclusive, no pudo ser identificado en rueda de reconocimiento por la testigo que asegura haber visto al sujeto que dejó abandonada la camioneta de Pereyra, se presume, luego de cometer el crimen.
Quienes llevan adelante la investigación sostienen que ahora hay que esperar el resultado de pruebas de ADN que compararán la sangre de los sospechosos (aceptaron voluntariamente hacerse las extracciones) con las muestras levantadas en el lugar de la muerte del artista. También se peritarán las armas de fuego secuestradas para certificar si de alguna de ellas partió el arma homicida.
Sin embargo, a una semana de los ampulosos operativos policiales que incluyeron más de una decena de allanamientos en Ushuaia y en Tolhuin, las preguntas más elementales sobre la presunta participación de estas personas en el asesinato de Miguel Pereyra, continúan sin responderse.