Punto de Vista

Juntos, mucho más que la suma de las partes

05/05/2013
P
or Guillermo Worman

Tierra del Fuego refuta la condición que dice “siendo pocos, es más fácil ponernos de acuerdo”. Contra todo pronóstico, alcanzar consensos comunes en el distrito más pequeño del país parece un imposible. Aquí no hay que alinear 256 diputados, sólo 15 legisladores. Tampoco enfilar 72 senadores, sino 7 concejales por ciudad. El gobierno no debe conciliar intereses con 135 intendentes (Buenos Aires), ya que su universo se agota en 3. ¿cómo una provincia tan pequeña puede tener una gobernabilidad tan complicada?
Tal vez nunca se alcanzó a construir un mito colectivo o proyecto que le dé sentido al trabajo entre sectores, una idea o sueño integrador detrás del cuál muchos actores tiren del mismo carro. En otras palabras: hacer esfuerzos para llegar a la “tierra prometida”.
Para quienes estamos preocupados con el presente y futuro de la Provincia nos cuesta comprender las abismales agendas que existen entre los 4 mandatarios y los respectivos parlamentos. En medio de una crisis con pocos precedentes no se ha producido tan solo una declaración conjunta. Muy por el contrario, los últimos recuerdos (las fotos de todos sentados en la misma mesa) se remontan a las discusiones intestinas por la interpretación y aplicación de la ley provincial 648. No se juntan, sino que los intiman a sentarse.
Sin entrar en mayores detalles, jubiladas durmiendo encadenadas en la calle, cerca de 1.000 jóvenes sin clases, la comunidad educativa enardecida, entre tantos conflictos latentes, nada de todo esto conmueve a la dirigencia para construir una tregua que permita alinear fuerzas en función de salir de esta situación. Por el contrario, parece que “cuando peor, mejor”.
Nadie escapa. Los representantes nacionales también tienen agendas propias, lo que hace imposible imaginar que, al memos, existe una agenda común. Basta mirar las comunicaciones de prensa de cada uno de todos ellos.
Fuera de toda especulación, parece difícil imaginar otro futuro cuando cada uno de los actores no coloca su esfuerzo en imaginarse junto al otro. Esto es así porque no hay quien tome la iniciativa de juntarse con los demás y dejar mezquindades de lado para planear la salida de una crisis que vino para quedarse. Una gobernadora, tres intendentes, tres parlamentos, cinco diputados y tres senadores corren en agendas divergentes. ¿Cómo se puede salir de una crisis con este tipo de conducta política?
La dificultad es pensar que es posible gestiones políticas individuales exitosas en medio de fracasos políticos colectivos. De todos modos, se especula con lo siguiente: al otro le va tan mal que, tan sólo con no tener tamaño nivel de conflicto, alcanza para construir la sensación de éxito. Es ganar por abandono.
Los problemas no son tantos, ni imposibles. Hay que readecuar integralmente el sistema de seguridad social y extirpar los privilegios inadmisibles, acordar (guste o no) los roles entre provincia y municipios, construir un acuerdo sostenible de escala salarial con los gremios en su conjunto (por más complejo que parezca), potenciar la capacidad del ya instalado polo industrial, rehabilitar el perfil turístico de la zona sur y relanzar el potencial productivo del norte de la provincia, merced a extraordinarios recursos naturales (ya nos contaron un centenar de veces la industrialización de los hidrocarburos). Entre tanto, la provincia precisa del acompañamiento concreto del gobierno nacional hasta que logre consolidar un nuevo equilibrio y, por sobre todo, como ya se ha escrito en este diario, particularmente de la pluma de Luis Castelli, definir un proyecto de desarrollo ideado sobre las diversas potencialidades locales. Nada de todo esto es posible con todas las autoridades funcionando por separado, básicamente porque no hay acuerdos sin personas sentadas en una misma mesa.
Nos debemos, además, un proceso de reforma institucional que alcance al Poder Judicial y al exótico sistema político que tiene Tierra del Fuego. Es tan así que, elección tras elección, los votantes tachan legisladores, prefieren concejales, van a ballotage para el gobierno y votan por simple mayoría para la intendencia de Ushuaia, por ejemplo; sumado al voto voluntario para más de 2.000 jóvenes que lo pueden hacer a nivel nacional pero no municipal. ¿No era posible ampliar las tres bases electorales (nacional, provincial y municipal) sincronizadamente? Demasiada complejidad para una provincia tan chica. Por si fuera poco, este collage no garantiza mejor calidad de representación política. Ni siquiera eso.
La novedad, tras este escenario, es volver a lo viejo conocido: tirar todos para el mismo lado.

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