a formación buscó acercar herramientas financieras a estudiantes de los últimos años del secundario a partir de situaciones concretas de la vida cotidiana. La propuesta combinó conceptos básicos para administrar el dinero con ejercicios sobre emprendimientos y decisiones que los jóvenes ya enfrentan a través de billeteras virtuales, inversiones y plataformas digitales.
El ministro de Producción y Ambiente, Francisco Devita, explicó que el programa surgió a partir del interés manifestado por los propios estudiantes y se desarrolló junto con Junior Achievement Argentina. “Quisimos transmitir conceptos de cuentas personales, ingresos, gastos, presupuestos, superávit, déficit e inversiones. Además incorporamos conceptos productivos y apuestas online, porque hay muchos jóvenes que lamentablemente están incursionando en ese mundo”, señaló.
Según detalló, más de 300 alumnos de más de 12 colegios participaron de esta segunda edición. Después de distintas evaluaciones, los 100 mejores llegaron a la instancia final realizada en Ushuaia, que también reunió a estudiantes de Río Grande y Tolhuin.
El desafío consistió en resolver situaciones económicas simuladas. Cada mesa recibía un personaje con determinados ingresos, gastos y un objetivo que debía alcanzar. Entre los casos aparecieron un jubilado que quería viajar a Mendoza, un paseador de perros y un odontólogo que necesitaba comprar equipamiento. “Primero tienen que hacer proyecciones, dividir los ingresos y los gastos entre fijos y variables y después decidir cómo alcanzan el objetivo. Por ejemplo, si un odontólogo necesita comprar una silla, tienen que evaluar cuánto cuesta, si conviene ahorrar o buscar un préstamo. Todos esos conceptos se van poniendo sobre la mesa”, explicó Devita.
El funcionario remarcó que la intención no fue reducir la educación financiera a aprender cómo ganar o acumular dinero. “Elegimos una organización especializada en programas educativos porque no queríamos caer en hablar solamente del efecto del dinero. Queríamos llevarlo también hacia un lugar productivo”, sostuvo.
Durante las visitas a las escuelas, el equipo detectó que gran parte de los adolescentes ya utiliza billeteras virtuales y que algunos incluso realizan inversiones o desarrollan pequeños emprendimientos. Devita mencionó jóvenes que venden alfajores, realizan trabajos de manicuría o administran ahorros para financiar un viaje o comprar un vehículo.
Esa experiencia llevó a modificar contenidos respecto de la primera edición. “Me sorprendió que algunos ya hacen inversiones en acciones y que muchos tienen emprendimientos. Fueron conceptos que fuimos recopilando para poder dar un mejor programa, que realmente les sirva, llevarlo hacia el emprendimiento y también evitar que caigan en las apuestas”, afirmó.
La instancia final concluyó con una presentación en la que cada grupo debió explicar las decisiones tomadas y cómo había llegado a resolver el caso asignado. También se reconocieron desempeños individuales, docentes y grupales, con premios tecnológicos y vouchers aportados por empresas que acompañaron la iniciativa.
Para Devita, el objetivo es que los conceptos puedan trasladarse a decisiones que los jóvenes ya toman cotidianamente. El uso de una billetera virtual, la administración de ingresos propios, un pequeño emprendimiento o la elección entre ahorrar, endeudarse o invertir fueron utilizados como situaciones concretas para que la educación financiera deje de ser una noción abstracta y se convierta en una herramienta práctica.