Correo de Lectores

La Armada “NO” fundó Ushuaia

08/06/2018
E

n los primeros días del mes de marzo pasado, en un crucero que hacía la ruta austral, arribé al puerto de Ushuaia con mi esposa y un matrimonio amigo; veníamos de las Islas Malvinas, de pisar nuestro suelo insular, de visitar el Cementerio Argentino de Puerto Darwin tan caro para los argentinos
Obviamente estaba cargado de una emoción que aún perdura en mí; de tropezar con la verdad de los  hechos, de la tristeza que envuelve tanta muerte, por una causa justa, en una guerra infructuosa.
Desembarqué y caminé por la avenida Maipú en dirección al noreste; todo está remozado, ampliado, más bello. Recordaba durante el andar mis años allí. Tuve el elevado privilegio profesional y personal  de ser Jefe de la Prefectura Ushuaia e Islas del Atlántico Sur, a mediados de la década del noventa.  
Tenía ansias de volver a ver el edificio de Maipú y Yaganes; estaba allí, plantado de frente a la Bahía, con su diseño tradicional recubierto de lenga. Sigue siendo una construcción característica, con su mástil, primer orgulloso portador del Pabellón Nacional en estas latitudes, y del distintivo de la PNA.
Me vinieron a la memoria recuerdos muy cálidos, profundos, vinculados con la conmemoración del principio de las cosas. Aquellas ceremonias de izado, que todos los 12 de octubre se repiten como un rezo laico, con solemne respeto y afecto, en la intimidad entre los “Antiguos Pobladores”, sus descendientes, y los representantes de hoy, de la Primera Institución de la Patria que se asentó por esos lares: la Prefectura. Esto acontece sin solución de continuidad,  desde 1884.
¡Cómo no recordar a tan buena gente!, cargados de historias de tiempos difíciles, descendientes genuinos de los primeros pobladores. Menciono sólo a nuestra querida y recordada Tata Fique, nieta del Prefecto D. Luis Pedro Fique, integrante de la primera dotación del 1884, y en ella mi reconocimiento a todos los distinguidos "Antiguos Pobladores".
Continué subiendo Yaganes para alcanzar San Martín y deambular por el centro, con mis recuerdos que se agolpaban uno tras otro, cuando al llegar al acceso de la Base de la Armada, pude ver una inscripción falaz en uno de sus edificios: “La Armada fundó Ushuaia en 1884”. Me conmoví profundamente ante tamaña y arrogante mentira.
No existe documento ni mandato fundacional alguno. Tan solo así ocurrió: la Prefectura de aquel entonces amplió su despliegue nacional, en consonancia con el pensamiento y decisión de los legisladores nacionales, que tuvieron la visión trascendental de la imperiosa necesidad de ocupar efectivamente el territorio con su “Policía Marítima”, a sabiendas que es el “poder de policía del estado” el que aseguraba la soberanía plena e indiscutible, desde entonces y para siempre.
Sin abundar en los ricos detalles que constan en la transcripción taquigráfica de la sesión del Congreso Nacional,  durante el tratamiento de la Ley de Presupuesto del año 1882, el Honorable Diputado por la provincia de San Luis, Dr. D. Cristóbal PEREIRA, dejó fundamentada la necesidad de la creación de las Subprefecturas de San Juan de Salvamento, en la Isla de los Estados, y la de Ushuaia, en la Isla Grande de Tierra del Fuego.
Este hombre, civil brillante de la Patria, era parte de la estupenda “Generación del Ochenta”, que diera tracción y forma a la Nación, que llegó en pocos años a destacarse entre las primeras del mundo, y cuyo impulso en algunas aéreas aún perdura. La visión geopolítica de aquellos fue innegable. La preservación territorial y de los recursos sólo se podía salvaguardar con una ocupación legítima por parte del Estado Nacional de los espacios aplicando su ley, y así se hizo.
Fue entonces que, aprobado el presupuesto para la instalación de las Subprefecturas antes citadas, el Ministerio de Guerra y Marina, de quien dependía la Prefectura, inició las gestiones para su concreción, creando una comisión con la activa participación del Prefecto General de Puertos D. Carlos Alberto Mansilla, quien había propiciado este nuevo despliegue institucional.
Como no existían en esa época empresas de flete naviero con capacidad de navegar nuestros duros mares y los costos que implicaba, se planificó todo ese tremendo esfuerzo, dando origen a la conocida División Expedicionaria al Atlántico Sur, para tal fin se convocó y designó al Comodoro D. Augusto Laserre, seguramente el más experto para comandar este convoy de transporte. El cometido se cumplió acabadamente, con una previsión y esfuerzo logístico apropiado; en las tareas de construcción, se emplearon personas de los más variados oficios y extracciones sociales.
Emplazadas las instalaciones, el 12 de octubre de 1884, flameó el pabellón al tope de nuestro mástil, y desde entonces está allí….
Luego devino la llegada de pobladores, que con los años se sumaron a los religiosos que ya moraban en la bahía en una misión evangelizadora, muchos de los habitantes que conocí son orgullosos descendientes de aquellos. Eran tiempos difíciles, con escasos recursos, y con necesidades extremas. Así nació Ushuaia, no de otra manera.
Es entonces que me pregunto, ¿cuál es la razón para que la Armada sostenga impunemente una mentira de tal magnitud?, ¿para cambiar autoritariamente la historia?, ¿para menospreciar a los preclaros legisladores, funcionarios de entonces, a los esforzados hombres y mujeres de aquellos años?, ¿para publicitarse?
Quizás sea una cuestión de imagen, de atribuirse un hecho inexistente, de demostrar una presencia que no fue tal, de generar un hecho falso en pos de un rédito artificial.
No le encuentro sentido alguno a esta oprobiosa afrenta...
Recuerdo ahora una circunstancia particular, en la conmemoración del aniversario de la ciudad en octubre de mil novecientos noventa y seis. Con la participación y  acompañamiento de todas las autoridades del momento, nacionales, provinciales, municipales y el pueblo todo,  descubrimos una placa para preservar y homenajear al autor desde lo legal, de la idea primigenia de instalar una “Sub Prefectura” en Tierra del Fuego; el Diputado Dr. D. Cristóbal Pereira.
Es curioso que durante tantos años se haya condenado al ostracismo histórico a este grande hombre. Así intencionalmente ocurrió, para enaltecer  a otros cuyos méritos no se niegan, pero que los hechos ponen de manifiesto esta animosidad.
Hoy, como ayer, agradezco el invalorable aporte del entonces Diputado Nacional Dr. D. Mariano Viaña, quien gestionó, obtuvo y facilitó valiosos datos de la Cámara de Diputados de la Nación, animado al igual que muchos otros por esclarecer los hechos.
Es preciso recordar que unos días antes de la celebración de mil novecientos noventa y siete, manos delincuentes, manchadas de soberbia e intolerancia ante la verdad histórica revelada, robaron la placa que tan orgullosamente habíamos colocado en la Plaza Cívica, el 12 de Octubre el año anterior. Tanta barbarie, me llevó a  publicar en el periódico local “El Diario del Fin del Mundo”, “Carta al ladrón”, para exponer lo innegable.
Con el decidido aporte del entonces Intendente, el recordado Ing. D. Jorge Garramuño, rehicimos la placa y reeditamos el acto, con idéntico entorno, con más sentimiento, llenos de esa emoción por esta reparación ante un hecho de mafiosa intolerancia. Recuerdo la lectura casi textual de aquella carta por el locutor oficial de entonces, D. Marcelo Murphy, al inicio del acto de desagravio.
Como decía, simplemente así ocurrieron los hechos, no existió mandato fundacional alguno. Concluido su cometido de transporte y apoyo, los buques que integraban la Expedición zarparon iniciando su retorno. Solo quedó en tierra la primera dotación de la Subprefectura Ushuaia; las luces de estela seguramente fue lo último que avistaron aquellos prefecturianos que se quedaron para cumplir con la encomiable misión. Desde aquel entonces estamos. La Armada recién se asentó en Ushuaia, muchas décadas después.
Gracias a Dios, hoy vivimos en un orden nacional, donde nada se puede imponer por el imperio de la prepotencia o la fuerza, eso ya quedó atrás, estamos en un tiempo donde los argentinos buscamos con vehemencia decirnos la verdad sin miedo como único camino posible.
Recorrí el centro, me encontré con viejos amigos y algunos camaradas; llegué a la casa de Tata, me llené de gratas memorias y regresé al buque que me esperaba en puerto. Todo el tiempo pensé que debía escribir esta carta, que era un compromiso con la ciudad, con la historia, con los hombres y mujeres de aquellos tiempos, con la verdad, con el futuro, conmigo mismo.
Sabemos bien cómo terminan las mentiras…    
“Los hechos son sagrados, pero el comentario es libre”
Dr. Carlos Fayt. 11/junio/2013. (1918-2016)
Ex miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

(*)Prefecto General (R.E.)

Autor : Lic. Gustavo Mario Bourilhon (*)
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