Ramón Lista describe los hábitos en las tolderías tehuelches
EL 4 DE SETIEMBRE DE 1879

Ramón Lista describe los hábitos en las tolderías tehuelches

04/09/2019
E

ste día, Ramón Lista emprende un viaje hacia las tolderías de los caciques Papón y Pescado, acompañado de dos comerciantes que se proponían negociar con los nativos.
Al llegar, “las chinas estaban solas. Los comerciantes se alojaron en el toldo de Pescado, donde en menos de media hora vendieron un barril de aguardiente”. Con la ingesta alcohólica, “en seguida principió el fandango. Las chinas y los muchachos gritaban a voz en cuello. Todo el mundo nos insultaba; ‘Terro, terro’, (malo, malo) vociferaban las viejas”.
Lista escribió que a pesar del buen negocio efectuado, “nada compensa los peligros y penalidades que tiene que pasar el comerciante que se aventura en aquellos desiertos” (Ramón Lista. Obras. Tomo I).  
“Es menester haber pasado algunos días bajo el toldo del salvaje patagón, para valorar el sacrificio que hacen algunos hombres que, alentados por la esperanza de ganar algunos patacones, permanecen meses enteros sobre estos ‘amables’ Tehuelches que por cierto no brillan por la limpieza: dormir sobre el suelo duro; comer la carne sucia y fétida, que muchas veces pisa el indio con su planta inmunda”.
Luego, continúa con la descripción: “Otras veces tomar el mate servido en una taza que contenía grasa de guanaco y que limpiaron con la mano ensangrentada y cubierta de polvo. Tener que soportar las demostraciones de cariño de muchos indios, que consiste en daros un empujón o un golpe de puño en la cabeza. Y cuando llega la noche y tratáis de dormir, riñen los perros o alguna vieja entona un canto lúgubre que será siempre insoportable por su continuidad”.
Al atardecer, llegaron los hombres “cargados de avestruces y guanacos”, alegres por el éxito de la cacería. “Apenas largaron los caballos, principió la borrachera general. Que debía durar hasta el día siguiente”, que auguraba una noche de fiesta. “Gritos agudos de una cadencia monótona daban no sé qué de fantástico a aquellos hombres gigantescos casi desnudos que arrastrando sus capas de pieles, brincaban furiosamente en torno al fuego”.
Los caciques eran los que manifestaban un mayor grado de embriaguez. “Papón, que apenas podía tenerse en pie, lloraba como una magdalena” y “Pescado blandía su lanza, amenazando de muerte a aquellos que pocos momentos antes eran sus amigos. Estas borracheras suelen provocar combates sangrientos que van concluyendo con esta raza tan hospitalaria” (op.cit.).

Autor : Bernardo Veksler
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