n la edición de este día, el diario ‘El Trabajo’ denuncia un caso de conscriptos del Batallón Magallanes que llevaron a cabo trabajos para la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SETF), de la familia Braun. Cuando los soldados realizaron una zanja, en la localidad de Cerro Dorotea, por dos pesos el metro, mientras que el acuerdo con los obreros era por tres, abaratando así los costos de la operación (citado por Nicolás Gómez Baeza en ‘Vigilancia, represión y disciplina laboral en la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego’).
Estas labores realizadas por soldados también procuraban eludir la creciente influencia de la Federación Obrera Magallánica (FOM), dado que “a partir de 1913 se empezaron a desarrollar convenios, en los que por primera vez existieron acuerdos ramales entre los trabajadores ya fuertemente organizados y el empresariado ganadero, encontrándose ahí la administración de la SETF. Adicionalmente, todos los incidentes pasaron a ser solucionados por “un tribunal compuesto de dos estancieros y de dos obreros presidido por un quinto nombrado”.
Ese tipo de favores de instituciones públicas, se fundaba en el poder que había acumulando la familia Braun. El “crecimiento y la influencia de la ‘Explotadora’ traspasó los límites de la isla, expandiendo su adquisición de tierras mediante nuevas concesiones o compras a productores menores hacia la Patagonia sur en Argentina y Chile, destacándose el funcionamiento de una gran cantidad de estancias – las dos primeras fueron Caleta Josefina (1893) y San Sebastián (1894)- y frigoríficos desde 1913, siendo el primero y emblemático el de Puerto Bories”.
Los gobernadores magallánicos tenían gran cercanía con los ganaderos y realizaban acciones conjuntas de vigilancia de policías y personal de las estancias. Llegando a que la “autoridad policial, representada en los ‘Subdelegados’, fuera incluso empleada por la misma ‘Explotadora’. En complemento, los ‘comisarios rurales ad-honorem’ –autoridad policial de rango inferior (…) fueron incluso los mismos administradores de la SETF. Los administradores de las estancias comenzaron así a desarrollar también una relación de mando respecto de los efectivos policiales de más bajo rango. A estos últimos se les proporcionaba desde las estancias edificios para los cuarteles, forraje y hasta los caballos para que cumpliesen con sus labores de ‘guardianes’” (op.cit.).