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a Base Antártica Marambio conmemorará mañana los 42 años de su fundación, al recordar la tarea desarrollada por los hombres que integraron la primera dotación, denominada “Patrulla Soberanía”, que con palas y picos abrió la pista en la isla Seymour, ubicada al este de la península Antártica.
Este hecho se convirtió en una epopeya de trascendencia nacional, histórica y geopolítica protagonizada por Argentinos, que viviendo en pequeñas carpas, en una zona extremadamente inhóspita, trabajando con esfuerzo, garra y coraje, abrieron un surco de tierra en el Desierto Blanco para permitir operar aviones de gran porte con tren de aterrizaje convencional, es decir con ruedas.
El 29 de octubre de 1969, se inició una nueva era en la historia de la Antártida, al romperse el aislamiento al que se estaba sujeto por las características de su clima, su suelo y sus mares congelados, señala el sitio web de la Fundación Marambio.
Ese día, al avión C–47, matrícula TA–05, se le quitó el sistema de esquí–ruedas y con su tren de aterrizaje convencional, cruzó al continente americano, para quedar en custodia, días después, en el Rincón Antártico del Museo Nacional de Aeronáutica.
En sentido contrario, procedente de Río Gallegos, Provincia de Santa Cruz, el avión biturbohélice Fokker F–27, matrícula TC–77, en vuelo regular, cruza al continente blanco y aterriza con sus ruedas en la pista de tierra, trasladando a altas autoridades, quienes participaron de la ceremonia de fundación de la Base Marambio; regresando también, en vuelo regular.
Este fue el primer vuelo regular de una aeronave que, procedente de otro continente, despegaba y aterrizaba en el casquete polar antártico, utilizando tren de aterrizaje convencional, es decir con ruedas, rompiendo con este hecho histórico el aislamiento que hasta entonces existía con el sexto continente, convirtiéndose la Base Marambio en la “Puerta de entrada de la Antártida”.
Con esta capacidad operativa, el día 11 de abril de 1970, el avión Hércules C–130, matrícula TC–61, comandado por el comodoro Athos Gandolfi, y una tripulación entrenada para el aterrizaje “de asalto”, en pista corta, aterriza en la pista de Marambio con sus ruedas, permitiendo que a partir de entonces se opere normalmente durante todo el año con aviones de gran porte.