ste día, fallece en Buenos Aires el aviador Miguel Fitzgerald, a los 84 años de edad. En 1964, en un pequeño avión había llegado a las islas Malvinas, como una forma de manifestar su apoyo al reclamo de soberanía argentina y entregar una proclama al gobernador de la ocupación británica.
En ese año se estaba gestando un logro histórico para la reivindicación argentina, cuando en el comité descolonizador de las Naciones Unidas se aprobaba la moción de elevar a la Asamblea General la recomendación de invitar a Gran Bretaña a entrar en negociaciones bilaterales con la República Argentina y solucionar el diferendo por la posesión del archipiélago.
El 8 de setiembre de 1964, Fitzgerald partió de Río Gallegos en un pequeño avión monomotor Cessna. En tres horas, sin hoja de ruta sólo con cálculos propios para no ser captado por los radares, logró sobrevolar la isla Soledad y aterrizar en un precario campo deportivo de Puerto Stanley, alterando así la bucólica vida de la localidad.
Al descender de la aeronave plantó una bandera argentina y se presentó ante un ocasional testigo para entregarle una carta dirigida al gobernador británico Thompson. “La carta fue leída más tarde por el funcionario inglés por la radio local y el pabellón depositado en el museo local. Fitzgerald expresaba en aquel documento que como ciudadano argentino cumplía una misión “que está en el ánimo y la decisión de veintidós millones” de sus compatriotas y comunicaba “la irrevocable determinación de quienes, como yo, han dispuesto poner término a la tercera invasión inglesa a territorio argentino”, y anunciaba que “en esta hora ha comenzado otra reconquista, como en 1807”. Tras entregar su mensaje, Fitzgerald despegó y, afrontando vientos contrarios (que hicieron más largo su vuelo), regresó al continente” (Hugo Gambini. Crónica documental de las Malvinas).
El hecho tuvo rápidamente repercusión nacional e internacional. “La delegación británica en la ONU protestó por la solitaria incursión y cuando el diplomático británico Cecil King aludió a las versiones que hablaban de la preparación de una invasión a “las islas Falkland”, dice la crónica periodística, “se notaron unas leves sonrisas entre los delegados argentinos”” (op. cit.).
Fitzgerald era un joven aviador, de 38 años, descendiente de irlandeses, que quiso hacer realidad su sueño y organizó en silencio su viaje.