Denuncian que detrás de toda cafetería funciona un prostíbulo
EL 3 DE MAYO DE 1912

Denuncian que detrás de toda cafetería funciona un prostíbulo

03/05/2021
E

n la edición de este día, el diario ‘El Antártico’ denuncia que “no hay calle, por muy céntrica y concurrida que sea, en donde no haya una casa que bajo la patente de café se oculta esa plaga social”, aludiendo a la actividad de los prostíbulos (Jorge Castelli y Patricia Halvorsen. Esas Mujeres).
El artículo se refería a la proliferación de esa actividad en la ciudad de Río Gallegos, debido a la gran desproporción existente entre los pobladores varones y mujeres. Los sitios donde se desarrollaba la prostitución eran de los más variados, existían los más refinados donde acostumbraban a recibir a jerarcas del estado y acaudalados empresarios, como también los que captaban su clientela en el creciente número de peones rurales y trabajadores de la ciudad.
Para mayor atracción de los parroquianos comenzaron a proyectarse las primitivas realizaciones fílmicas de la época y se organizaron bailes que tenían un gran atractivo para los hombres de trabajo.
No obstante la legalidad del funcionamiento de esos burdeles, “existían varios comercios que operaban en el rubro y denuncias públicas sobre el alarmante desarrollo de la prostitución clandestina que se ocultaba en esas casa de expendio”. Se aprovechaban de que “las jurisdicciones de la municipalidad y de la gobernación siempre fueron confusas y clara la puja por el poder”.
Una nota remitida por la Jefatura de Policía, así lo indica: “Hasta la fecha esta Jefatura ha tolerado la realización nocturna de esos bailes a pesar que solo en esta capital se otorgan pues en ninguna parte las autoridades municipales ni policiales autorizan los bailes en despachos de bebidas o en prostíbulos, como tampoco en ninguna parte se encuentra tan en abandono el ejercicio de la prostitución como en esta capital, donde no existe una reglamentación precisa y desde las casas que no reúnen ninguno de los requisitos para que puedan ser habitada por prostíbulos hasta las pupilas que están al capricho de los rufianes o ‘caftens’ que las explotan”.
El horario de cierre estaba regido por una disposición de 1912, que establecía que los responsables se debían guiar “por la hora del reloj público de la iglesia local”. Pero, ante el reclamo de las pupilas, “además de aumentar al número de cuatro la cantidad de mujeres que podían trabajar por casa, se extendió el horario de cierre hasta la una” (op.cit.).

Autor : Bernardo Veksler
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