n la banquina de la avenida Héroes de Malvinas aparecen dos despreocupados jinetes, como si el calendario hubiera decidido retroceder sin pedir permiso.
Caballos al paso, boinas firmes, mirada al frente: postal gaucha incrustada en la postal urbana. La escena tiene algo de ópera bufa patagónica: el progreso rugiendo a metros, y la tradición avanzando al paso, con una elegancia que gambetea la ordenanza municipal.
Que en Ushuaia está prohibido circular a caballo, se sabe. Pero la prohibición, también se sabe, es un género literario que algunos leen como realismo mágico.
Allí van, escoltados por el guardarraíl, desafiando el concepto mismo de “banquina”: no margen de ruta, sino frontera temporal. El caballo, noble y ajeno, no entiende de multas; el jinete, parece, tampoco.