o importa si es de día, de noche, con lluvia, nieve o viento cruzado: siempre aparece algún piloto amateur convencido de que está entrenando para MotoGP, pero con el detalle menor de que el circuito incluye autos, peatones y semáforos decorativos. La avenida, que debería ser un corredor urbano, se convirtió en pista de pruebas donde el escape libre reemplaza al sentido común y el ruido parece ser parte del derecho constitucional a ‘hacerse notar’.
Lo más curioso es que todos sabemos dónde pasa, cuándo pasa y cómo pasa… pero la única respuesta oficial suele ser el clásico ‘vamos a reforzar controles’, que en Ushuaia significa ‘esperemos que no pase nada grave’. Mientras tanto, la Perito Moreno sigue vibrando como si la ciudad tuviera su propio Gran Premio: uno sin tribunas, sin premios y con demasiadas chances de tragedia.