on la cordillera de fondo y el aire puro como garantía, el nuevo salón de ventas a cielo abierto exhibe camionetas y SUV sobre la grava pública, con prolijos carteles de “se vende”. Sin alquiler, sin tasas, sin habilitación, sin inspecciones: apenas una luneta y buena vista. Mientras los comercios formales cumplen requisitos, pagan impuestos y soportan controles, aquí la innovación es más simple: ocupar primero y facturar después. El espacio común muta en vidriera privada y la normativa queda reducida a consejo decorativo. Competencia desleal con paisaje premium incluido.