Un mes de intervención y un sindicalismo en retirada
Editorial

Un mes de intervención y un sindicalismo en retirada

Por: Comité Editorial EDFM
20/02/2026
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reinta días después de la intervención federal del Puerto de Ushuaia, el dato político más elocuente no es la decisión administrativa de la ANPYN, sino la pasividad sindical frente a sus consecuencias. En un escenario donde los trabajadores de la Dirección Provincial de Puertos vieron alteradas sus condiciones básicas de empleo, la reacción gremial —salvo una excepción— fue, por decirlo con prudencia, insuficiente.

La intervención no fue un trámite neutro. Implicó, en los hechos, impedir el ingreso de trabajadores a sus puestos naturales, sumirlos en la incertidumbre respecto del pago de haberes y colocarlos en una zona de desprotección jurídica evidente. La autoridad interventora, además, se desligó del pago salarial a pesar de apoderarse de la recaudación de la actividad portuaria, generando un vacío que afecta directamente la subsistencia de los empleados. No se trata de un matiz técnico: se trata de derechos laborales básicos.

Es cierto que el Gobierno provincial decidió garantizar el pago de los salarios de los trabajadores portuarios, evitando así que la crisis institucional derivara en una emergencia social inmediata. Sin embargo, esa cobertura financiera —que debería entenderse como una medida transitoria de resguardo— parece haberse convertido en una coartada funcional para la inacción gremial. El argumento tácito sería que, mientras el sueldo esté asegurado, el conflicto puede administrarse en silencio. Pero el salario, aunque central, no agota la dimensión de los derechos laborales vulnerados.

En ese contexto, la conducta de los sindicatos resulta difícil de explicar. ATE, que había anticipado la presentación de una demanda judicial para resguardar los derechos vulnerados —desde el acceso al trabajo hasta la tutela sindical— muy llamativamente,  no accionó en defensa de los derechos colectivos de los trabajadores portuarios, mucho menos de quienes poseen tutela sindical . El anuncio quedó en el terreno de las declaraciones. La defensa prometida no se tradujo en una estrategia concreta.

La tutela sindical no es una consigna retórica; es una herramienta constitucional diseñada para proteger a los trabajadores frente a decisiones que puedan afectar su estabilidad y sus derechos. Cuando esa herramienta no se activa en un caso tan evidente, el problema deja de ser jurídico para volverse político.

La única excepción, hasta ahora, es el Sindicato Único de Trabajadores de Administraciones Portuarias (SUTAP), cuya seccional Tierra del Fuego, encabezada por Daniela Almada, anticipó que presentará en los próximos días una medida judicial. Ese gesto, aislado, expone aún más la inacción del resto. Porque en un conflicto de esta magnitud, el silencio no es neutral: es una toma de posición.

La pregunta inevitable es por qué. ¿Qué explica que, frente a trabajadores impedidos de ingresar a sus puestos, con incertidumbre salarial y con principios básicos de tutela sindical comprometidos, no se haya desplegado una defensa proporcional? ¿Se trata de una apuesta a negociaciones reservadas? ¿O estamos ante un corrimiento deliberado de responsabilidades?

El cono de sospecha se proyecta sobre las verdaderas motivaciones de esa prudencia extrema. En el puerto —espacio estratégico en la economía fueguina— se entrecruzan intereses políticos, administrativos y sindicales. Cuando los gremios moderan su reacción en un momento de vulnerabilidad para sus representados, la legitimidad de su rol queda bajo examen.

Un mes después, el balance es contundente: la intervención avanzó; los trabajadores quedaron en una situación de fragilidad; y la mayoría de las organizaciones sindicales optó por la cautela antes que por la confrontación jurídica. En política, como en el sindicalismo, las omisiones pesan tanto como las acciones.

Lo que está en juego no es solo la administración de un puerto. Es la vigencia efectiva de los derechos laborales y la credibilidad de quienes tienen la responsabilidad histórica de defenderlos. Si la defensa no aparece cuando más se la necesita, el interrogante deja de ser coyuntural y se vuelve estructural. Y esa es una discusión que trasciende los treinta días de intervención.

 

(*) El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de EDFM. El desarrollo editorial está basado en su experiencia, investigación y debates sobre los temas abordados.

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