na nueva investigación científica advirtió que el calentamiento global podría dejar al descubierto vastas áreas libres de hielo en la Antártida durante los próximos siglos, exponiendo depósitos de cobre, hierro, oro, plata, platino y cobalto. El trabajo, publicado en la revista ‘Nature Climate Change’, analiza cuánto territorio emergería si continúan aumentando las temperaturas y qué relación existe entre esas zonas y los yacimientos minerales ya identificados.
Actualmente, menos del 0,6% del continente antártico está libre de hielo, limitado a sectores costeros, cordilleras y valles. Sin embargo, algunas regiones se están calentando a un ritmo que duplica el promedio global, lo que acelera el adelgazamiento y retroceso de glaciares y mantos de hielo.
Erica Lucas, investigadora posdoctoral de la Universidad de California en Santa Cruz (EEUU) y autora principal del estudio, explicó que el objetivo fue anticipar escenarios futuros. “Estamos proyectando cuánta tierra libre de hielo va a emerger y cuál es la relación de esa superficie con las ocurrencias minerales conocidas”, señaló. Y aclaró que la intención no es promover la explotación, sino comprender el posible escenario político que podría abrirse: “Hicimos estas proyecciones porque queremos entender mejor si en el futuro habrá llamados al desarrollo de recursos minerales”.
El Tratado Antártico prohíbe actualmente la minería en el continente, aunque permite revisar esa prohibición a partir de 2048 si los países firmantes lo solicitan. En ese contexto, los autores advierten que una mayor disponibilidad de suelo podría incentivar presiones para modificar el régimen vigente.
El estudio evaluó distintos escenarios climáticos combinando aumento de temperatura, ascenso del nivel del mar y elevación del terreno tras la pérdida de masa glaciar. Bajo un escenario moderado de derretimiento, se proyecta que hacia 2300 quedarían expuestos unos 14.000 kilómetros cuadrados. En un escenario de alto derretimiento, la cifra ascendería a aproximadamente 46.600 kilómetros cuadrados.
Dos regiones concentran el mayor potencial mineral: la Península Antártica, que se proyecta hacia el extremo sur de América del Sur, y las Montañas Transantárticas, una extensa cadena de unos 3.200 kilómetros que divide el continente en sectores oriental y occidental. La península es reclamada por Chile, Argentina y el Reino Unido, mientras que la cordillera es objeto de reclamos de Australia y Nueva Zelanda. No obstante, todas las reivindicaciones territoriales quedaron suspendidas por el Tratado Antártico de 1959 y no son reconocidas internacionalmente.
Los investigadores también analizaron la historia geológica del continente, recordando que hace 180 millones de años formaba parte del supercontinente Gondwana junto a Australia, África y América del Sur. “Sabemos que todos los demás continentes que bordeaban la Antártida en ese período tienen grandes depósitos minerales”, explicó Lucas. “Como la Antártida es geológicamente similar, podemos asumir que probablemente también existan depósitos comparables”.
Uno de los datos más relevantes se vincula con el cobre. El estudio estima que el retroceso del hielo podría exponer entre 12 y 25 millones de toneladas métricas de este mineral solo en la Península Antártica. La demanda global actual ronda los 28 millones de toneladas métricas y podría alcanzar los 42 millones en 2040, impulsada por el crecimiento del consumo eléctrico.
Especialistas externos señalaron, sin embargo, que la explotación enfrentaría enormes desafíos logísticos. Tony Press, profesor adjunto del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania, sostuvo que el trabajo presenta una metodología “realmente interesante”, pero advirtió que la ausencia de puertos, caminos e infraestructura complica cualquier actividad extractiva.
Además, el propio cambio climático podría dificultar la navegación. El desprendimiento de icebergs en la costa antártica incrementa los riesgos en el océano Austral, lo que encarece y complejiza el transporte marítimo.
Por el momento, la Antártida permanece protegida de la explotación comercial y abierta únicamente a actividades científicas y turísticas. Sin embargo, el estudio introduce un elemento estructural en el debate global: el retroceso del hielo no solo transforma ecosistemas y eleva el nivel del mar, sino que también modifica el mapa de recursos estratégicos del planeta, en un contexto de creciente demanda de minerales críticos.