n una ciudad que se promociona al planeta por su paisaje prístino y su aire de “fin del mundo”, hay tradiciones menos espirituales que parecen eternas. Una de ellas es el arte -más bien terrenal- de empapelar la vía pública con carteles gigantes… y olvidarlos allí para siempre.
El anuncio de “Esperanza Ushuaia”, que promocionaba la visita de un pastor y un festival religioso en el microestadio Cochocho Vargas, todavía domina el paisaje urbano de Ushuaia como si el evento estuviera por ocurrir mañana. Pero no: las fechas ya pasaron hace rato.
El mensaje de fe, música y redención quedó congelado en el tiempo, mientras el cartel continúa predicando silenciosamente entre árboles y cables. Tal vez se trate de un nuevo tipo de milagro: la multiplicación de anuncios… sin la posterior desaparición.
Así, la ciudad turística suma otra postal curiosa: montañas, nieve, mar… y carteles que, una vez instalados, reciben la bendición de la vida eterna. Porque en materia de retirar publicidad, la fe mueve montañas, pero no siempre carteles.