ay gente que estaciona mal. Y después está el campeón olímpico de la viveza criolla que decidió dejar el auto exactamente sobre la rampa de acceso de LUCCAU. No al lado, ni cerca: arriba. Como si la rampa fuese un estacionamiento VIP para infractores con imaginación limitada.
En Ushuaia cuesta tanto hacer una rampa accesible, y siempre aparece el genio del volante que la transforma en plataforma exclusiva para su Toyota rojo. Total, ¿qué importa si alguien necesita entrar o salir con una silla de ruedas? Lo importante es que el conductor no tenga que caminar diez metros.
Esto no es un descuido: es egoísmo en estado puro. Una mezcla de ignorancia vial, falta de empatía y esa filosofía nacional del “yo paro un minuto”. Claro, el minuto dura lo que tarda en arruinarle la movilidad a los demás.
Más que multa, esto merecería clases obligatorias de convivencia. Y caminando. Bastante.