Entre la memoria y la disputa por la verdad
Editorial

Entre la memoria y la disputa por la verdad

Por: Comité Editorial EDFM
25/03/2026
E

l 24 de marzo en Argentina condensa dos dimensiones que no siempre conviven sin tensión: es, al mismo tiempo, una fecha de memoria histórica sobre el terrorismo de Estado y un símbolo político en permanente disputa.

Su núcleo duro es difícilmente discutible: marca el inicio de un régimen que implementó un sistema represivo clandestino, con desapariciones, torturas y asesinatos, desde el aparato estatal. Ese hecho, la decisión del Estado de actuar por fuera de la ley contra su propia población, es lo que le da al 24 de marzo un carácter singular, distinto de otros momentos de violencia política en la historia argentina. Por eso, su institucionalización como día de la memoria tiene una lógica clara: fijar un límite normativo sobre lo que un Estado no puede volver a hacer.

Ahora bien, el problema aparece cuando esa conmemoración se transforma en un relato cerrado, donde el golpe queda aislado de su contexto histórico o, en el extremo opuesto, diluido en una narrativa más amplia de “violencia generalizada”. Ambos enfoques tienen costos.

Reducir el 24 de marzo exclusivamente a la irrupción militar tiende a simplificar el proceso previo: la crisis del sistema político, la violencia insurgente, la represión paraestatal, la degradación institucional. Esa simplificación facilita la transmisión pedagógica, pero empobrece la comprensión histórica. En ese marco, la consigna de “contar toda la verdad” surge como reacción a esa parcialidad: busca reintroducir el contexto, las responsabilidades múltiples y las zonas incómodas.

Sin embargo, esa consigna también puede derivar en una operación inversa: relativizar la especificidad del terrorismo de Estado. No toda violencia es equivalente, ni toda responsabilidad es simétrica. El Estado tiene un plus de obligación y, cuando lo viola, produce un quiebre cualitativo. Si “toda la verdad” se utiliza para equiparar actores o diluir jerarquías de responsabilidad, entonces deja de ser una ampliación del análisis y pasa a ser una forma de disputa política sobre el sentido del pasado.

El punto, entonces, no es elegir entre “resignificar el golpe” o “contar toda la verdad”, sino definir qué tipo de verdad se incorpora. Una conmemoración históricamente sólida debería sostener tres niveles simultáneos:

Núcleo innegociable: condena del terrorismo de Estado como práctica sistemática.

Contextualización rigurosa: reconocimiento de la crisis previa, la violencia política y las condiciones que hicieron posible el golpe.

Diferenciación de responsabilidades: evitar tanto la simplificación como la equivalencia.

Cuando uno de estos niveles domina en exceso, la fecha se desbalancea: Si solo hay condena sin contexto, se vuelve ritual y pedagógicamente limitada; si hay contexto sin jerarquía, se vuelve revisionismo justificatorio, y si hay apropiación política, pierde capacidad de consenso social.

El desafío del 24 de marzo no es menor: cómo construir una memoria que sea a la vez ética, histórica y políticamente no sectaria. La experiencia argentina mostró que es posible juzgar crímenes del pasado; la discusión actual es si también es posible recordarlos sin reducirlos a herramienta de validación del presente.

En ese sentido, introducir la idea de “toda la verdad” es válido si implica complejizar, no relativizar. Y resignificar el golpe como ruptura democrática es necesario, pero insuficiente si se lo separa de las condiciones que lo hicieron viable. La madurez de la conmemoración no está en elegir una de esas vías, sino en sostener la tensión entre ambas sin que una anule a la otra.

Porque, en definitiva, el 24 de marzo no es el día para saldar todas las discusiones sobre la violencia política en la Argentina. Es, ante todo, la fecha que señala con claridad el inicio de la interrupción del orden democrático y la instauración de un ciclo de terror estatal. Y es precisamente esa función la que le da su valor: establecer un límite, no diluirlo.

 

(*) El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de EDFM. El desarrollo editorial está basado en su experiencia, investigación y debates sobre los temas abordados.

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