Proyectan una travesía en kayak a la Antártida con un mensaje de inclusión
Aventura solidaria

Proyectan una travesía en kayak a la Antártida con un mensaje de inclusión

Tras su experiencia en el Cabo de Hornos, un deportista fueguino presentó un nuevo proyecto que combina una expedición en kayak por la Antártida con un mensaje de sensibilizar sobre la diversidad en todas sus expresiones. La iniciativa apunta a visibilizar el autismo y promover la inclusión, con acciones de concientización social y articulación con organizaciones.
01/04/2026
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a expedición “Antártida Infinita” se prepara para el próximo verano con un objetivo que busca ir más allá del desafío deportivo: cruzar el círculo polar antártico en 23 etapas y convertir esa travesía extrema en una plataforma de concientización sobre la aceptación de la diversidad de personas con discapacidad y sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de la inclusión. El proyecto surge a partir de una experiencia anterior donde la épica del cruce terminó opacando el mensaje social, lo que motivó un replanteo del enfoque.

El kayakista fueguino Diego Linares es uno de los impulsores de la iniciativa y quien plantea ese cambio con claridad. “No lo llegamos a lograr como queríamos por diferentes cuestiones”, reconoció sobre el cruce previo. A partir de esa experiencia, definió el nuevo eje: “si hacíamos algo tenía que ser esta la bandera, la bandera de la aceptación de la diversidad de personas con discapacidad”, explicó, y sostuvo que el objetivo es promover “la aceptación, el respeto y la empatía”.

Si bien el origen del proyecto está vinculado a una experiencia personal, Linares aclaró que la propuesta no busca centrarse en una condición específica, sino ampliar el mensaje. En ese sentido, planteó la necesidad de trabajar sobre la aceptación de la diversidad en general, incluyendo a todas las personas con discapacidad.

La travesía será realizada junto a Javier Siede, de Ushuaia, y Juani Tomaselli, de Buenos Aires. “Tenemos que cruzar el círculo polar antártico”, afirmó Linares, y detalló que “la idea sería arrancar en el verano que viene”, con un recorrido ya estructurado en etapas y una planificación que apunta a avanzar de norte a sur.

Pero el proyecto no se entiende solo desde la logística o el desafío físico. El punto de apoyo está en la experiencia “En el kayak encontré una conexión muchísimo más profunda con la naturaleza que hizo que no pudiera despegarme”, explicó, y ese vínculo es el que estructura toda la propuesta.

Esa relación se vuelve concreta en el canal Beagle, donde Linares protagonizó encuentros con ballenas en condiciones poco habituales. “Es algo increíble, puede pasar un millón de veces y ese millón de veces te va a generar ese asombro”, describió. No lo plantea como una anécdota, sino como una experiencia que lo atraviesa: “la conexión cuando te encontrás con una ballena es enorme, es increíble”.

Ese tipo de vivencias marcan un punto de inflexión. “Nunca me había pasado un encuentro tan cercano”, recordó, al describir momentos en los que las ballenas pasaron a pocos metros de su kayak, incluso por debajo de la embarcación.

La Antártida aparece entonces como una continuidad natural de ese vínculo. “Es un lugar que te vuela el coco de lo hermoso, de lo imponente, de lo enorme”, afirmó, y la describió como “prístina, salvaje y extremadamente frágil”, un entorno que amplifica tanto el desafío como el sentido del proyecto.

A diferencia de experiencias anteriores, esta vez el objetivo no es solo completar la travesía. Linares plantea una proyección concreta. “Tengo ganas de empezar a contar por los colegios”, explicó, y sumó otra línea de trabajo: “la idea es armar una red de embajadores”, con el objetivo de que el mensaje circule más allá del ámbito deportivo.

En términos técnicos, el recorrido ya está definido. “La idea son 23 etapas, ya las tenemos definidas”, sostuvo, en referencia a un trazado que demandará resistencia física, adaptación y logística en uno de los entornos más extremos del planeta.

El proyecto también toma como referencia una expedición histórica en la Antártida. “Vamos a replicar lo que hizo la expedición de Gustavo Giró en 1962, con la diferencia de que ellos lo hicieron por tierra y nosotros lo vamos a hacer por mar”, explicó Linares. En aquella travesía, el equipo cruzó los Andes Antárticos y los campos de hielo a lo largo de más de 1.800 kilómetros, uniendo la base Esperanza con la base San Martín. En este caso, el recorrido será por vía marítima, con una extensión estimada de entre 900 y 1000 kilómetros, también con el objetivo de cruzar el círculo polar antártico remando. “Creo que va a tener mucha repercusión”, afirmó, aunque el planteo busca evitar que la historia vuelva a quedar reducida a la hazaña.

En ese sentido, el proyecto incorpora una consecuencia concreta. “Todo lo que exceda los costos de la expedición va a ser donado al CAAD para el proyecto de su edificio propio”, explicó, con la intención de que la iniciativa tenga un impacto directo en la comunidad.

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