n la Argentina, el precio de la carne no es lo único en disputa: también la cordura institucional. Un expresidente y el actual se trenzan en redes calificándose de burros, rebuznando cifras dudosas y pateando cualquier atisbo de respeto. Uno reparte números mal interpretados y el otro responde con insultos en vez de argumentos.
El problema no es solo quién tiene razón -aparentemente ninguno- sino el espectáculo lamentable brindado por dos figuras que deberían encarnar la ejemplaridad, convertidas en emblemas de ignorancia cívica. Así, el ejemplo que baja es claro y devastador: discutir es gritar, disentir es agraviar, y gobernar es rebuznar más fuerte. Un manual perfecto para seguir degradando lo poco que queda en pie. Si estos señores de verdad tuviesen dos dedos de frente, en lugar de pretender aparecer como ingeniosos en redes sociales, copiarían a los burros, animales inteligentes, cautelosos, amistosos y sobre todo interesados en aprender.