icen que cerrar escuelas es ordenar. Que cuando bajás la persiana, el mundo queda más prolijo, más administrable, más silencioso. Todos al servicio de Catena y su Valet.
Escuelas cerradas: menos preguntas.
Comercios cerrados: menos trabajo.
En la carpita de los negociados, mientras tanto, se piensa el futuro (a quién van las horas cátedras que no se dictan con alumnos).
Quieren la educación para negociar más beneficios y rosca para sí mismos. La educación se toma un descanso indefinido con esta gente y la economía hace lo mismo, también al servicio de los dirigentes que nunca sufren las crisis. Negocian cargos, viviendas y todo tipo de pedido para sus propios.
Es curioso: siempre arrancan un conflicto para resolver problemas colectivos, y siempre terminan resolviendo sus propios problemas.
Eso sí: escuelas y comercios como rehenes.