os fondos que la ANPYN recauda gracias a la intervención federal del puerto de Ushuaia parecen haber encontrado el sueño argentino: desaparecer sin moverse.
Todos saben que entran millones. Lo difícil es saber dónde terminan. La plata sale del puerto con más controles que los que existen para explicar después qué se hace con ella.
Capaz que todo está perfectamente documentado. Tan documentado que nadie lo encuentra. Una transparencia tan transparente que resulta invisible.
Mientras el puerto genera recursos, las explicaciones generan silencio. Y el silencio, en la administración pública, suele ser el vocero de las preguntas que nadie quiere responder.
Porque la cuestión no es cuánto entra. La cuestión es quién puede mostrar, sin vueltas, dónde va.