a presencia cada vez más frecuente de ballenas en el canal Beagle plantea nuevos desafíos para la navegación y el turismo. Si bien la población de estos cetáceos muestra una tendencia de crecimiento en la zona, especialistas advierten que será necesario fortalecer las medidas de protección y promover conductas responsables para evitar accidentes y perturbaciones durante los avistajes.
La investigadora del CADIC-CONICET, Natalia Dellabianca, explicó que las ballenas jorobadas muestran una presencia cada vez más importante en el canal y que la última temporada marcó un récord desde que comenzó el proyecto de fotoidentificación. "Normalmente registramos entre 30 y 50 o 60 animales por año. Esta temporada fue récord, con 43 individuos nuevos y alrededor de 28 reavistajes, aunque sabemos que puede haber más porque nuestro monitoreo se concentra principalmente entre Isla Martillo y el interior del canal", señaló.
La especialista indicó que también se observa un crecimiento en la presencia de ballenas sei, especialmente en la zona de Península Mitre y Cabo San Pío, donde en los últimos años se registraron grupos de más de 30 ejemplares. Explicó además que esta especie comenzó a aparecer con mayor frecuencia cerca de Ushuaia durante el verano.
Dellabianca sostuvo que este escenario hace necesario fortalecer las pautas de navegación para disminuir el riesgo de colisiones. Explicó que diversos estudios internacionales demostraron que navegar a velocidades de hasta 10 nudos reduce considerablemente las posibilidades de provocar lesiones graves en caso de impacto. "Además de disminuir el daño, una menor velocidad permite una mejor maniobrabilidad y aumenta las posibilidades de detectar al animal, especialmente cuando está descansando en superficie", afirmó.
La investigadora señaló que la presencia de ballenas ya no puede considerarse un hecho aislado. Según precisó, alrededor del 30 por ciento de las jorobadas identificadas vuelve en temporadas posteriores, mientras que la cantidad de ejemplares observados mantiene una tendencia creciente desde 2018. "Lo que vemos es que los animales regresan y cada año aumenta el número de individuos registrados en la zona", indicó.
En cuanto a la conservación, explicó que la permanencia de estos cetáceos depende de la buena salud del ecosistema marino. "Las ballenas vienen porque encuentran alimento. Si el ambiente se degrada, termina afectándose toda la cadena ecológica. No se trata solamente de cuidar a las ballenas, sino de preservar el ecosistema completo que permite que permanezcan en esta región", sostuvo.
Finalmente, Dellabianca consideró que muchas de las situaciones que generan molestias a los animales responden al desconocimiento de quienes realizan avistajes. En ese sentido, afirmó que la educación ambiental resulta tan importante como cualquier regulación. "La mayoría de las personas quiere acercarse para disfrutar de las ballenas y no para molestarlas. Por eso es fundamental difundir cuál es la mejor manera de observarlas. Cuando los animales se sienten tranquilos, incluso son ellos quienes muchas veces terminan acercándose a las embarcaciones", concluyó.