icen en el campo que el angurriento, por querer comerse la vaca entera de un solo bocado, termina atragantado de ambición, indigestado de avaricia y dejando a la vista el enchastre de sus excesos.
Pero el angurriento tiene un problema: la ambición le agranda la boca, la avaricia le nubla el juicio y la desesperación por quedarse con todo lo hace comer rápido, mal y sin ningún cuidado. Después llegan la indigestión, las desprolijidades y el enchastre.
En el Puerto de Ushuaia, la intervención federal parece ofrecer su propia versión de este banquete donde juegan fuerte empresarios y referentes políticos locales.
Porque el angurriento no se conforma con comer: quiere quedarse con la vaca, el corral y la estancia. Y de tanto querer tragarse todo, termina vomitando sus propios excesos.