El olvido también es una decisión de la memoria
Proyecto hotelero - Casa Ramos

El olvido también es una decisión de la memoria

25/10/2005
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inalmente, la Comisión Nacional de Museos y Monumentos fijó su posición contraria al traspaso de la Casa Ramos para la construcción de un hotel en dicho predio, rechazando a su vez el proyecto arquitectónico en cuestión (ver el diario, edición del 30/09/05).
Podríamos considerar sin equivocarnos, que ha sido una ráfaga de luz entre tanta oscuridad. Una comunidad fueguina, y en especial ushuaiense, que se encontró frente a un camino cenagoso y decidió afrontarlo con éxito. Desde importantes instituciones nacionales y locales, hasta el simple ciudadano demostraron con su acción al ver peligrar la integridad de un monumento del que tal vez no conocieran algo de su historia pero sí lo reconocieron como parte de su ciudad, de su paisaje urbano y por ello se unieron para defenderlo. Sin embargo ese compromiso superó las actitudes de funcionarios que no dudaron en valorar lo económico por encima del acervo histórico de la ciudad, en un insólito apresuramiento en ceder el inmueble sin antes realizar las mínimas acciones en informarse sobre lo que establecen las leyes en materia de protección de monumentos. Pienso ha sido un bochorno que desde la Nación se concrete una acción en defensa de un monumento que pertenece a la Provincia. 
La desaparición física de bienes culturales u objetos que pertenecen al legado de las ciudades, en este caso edificios valorados por su historia o su estética, ocasionan en la población la imposibilidad de recordar. Si decimos que la memoria es un componente indispensable de la identidad, la expropiación de la memoria arroja al sujeto a la indeterminación, dejando de ser testigo y depositario de recuerdos. "No podemos olvidar intencionalmente, pero pueden deteriorarse las huellas de la memoria, los objetos, los instrumentos a los que confiamos la conservación de la propia memoria. Cuando se destruyen las formas de exteriorización de la memoria colectiva, entonces se cierne sobre la sociedad el riesgo de una amnesia colectiva". (P. Montesperelli)
Vivimos en comunidad, de ahí el nacimiento de las ciudades. En este aspecto, las clases dirigentes deberían comprender que "desarrollo" no implica "destrucción". Los hombres y mujeres no son números de estadísticas, son también el lugar donde nacieron o bien donde llegaron para establecerse a la par de la población local, donde jugaron de niños, donde caminaron y fueron conociendo lugares que con el tiempo los asumieron como propios, donde crecieron, soñaron y sufrieron, tuvieron una religión o no, dejaron sus legados para las nuevas generaciones. Ese legado o herencia, es lo que constituye el patrimonio. Somos una comunidad con sus costumbres y su cultura, no somos iguales a comunidades de otros sitios. Precisamente, la necesidad de vernos en un espejo cuando queremos reconocernos en lo personal se traslada a lo colectivo cuando necesitamos referencias del pasado, mojones de la historia ciudadana en la cual reconocernos para afirmarnos como una sociedad segura de sí misma, orgullosa de sentirse pertenecer a su ciudad, su cultura, significa construir una identidad. Tal vez algunos lo hagan desde un análisis intelectual, otros en cambio en los hechos cotidianos.
Por ello resulta imperioso velar activamente por defender nuestros bienes, más allá de los personales. Nos referimos a los bienes colectivos: un antiguo edificio que hizo historia, un barrio del cual nos sentimos identificados, el paisaje costero tan característico, el bosque cercano, el mar que nos rodea, una comida típica, el mate compartido con amigos muchas veces desde el encierro que nos obliga el clima austral, algún relato de un antiguo poblador o tal vez una vivencia nuestra que rescatamos para trasmitirla, historias de presos, piratas y buscadores de oro que en esta región aparecen en nuestros libros de historia y no de cuentos, y tantas más pertenencias. En la escuela, en las asociaciones, en las instituciones, y principalmente desde los ámbitos oficiales habrá comprometerse con mayor intensidad día a día.
El gran desafío será sin duda acompañar el crecimiento de la ciudad de una manera sensata y equilibrada incluyendo los bienes colectivos y existentes, que son de todos. Lo nuevo integrado a lo existente sin colisionar. Tradición y modernidad que se integren en la búsqueda de un proyecto común.
Es hora de asumir socialmente y en forma conciente, la necesidad de defender y conservar nuestro patrimonio. Sólo así podremos consolidar esta construcción constante que es la cultura como sumatoria de características que nos identifican, como paso indispensable para legar a las futuras generaciones una Ushuaia que además de grandes hoteles conserve su esencia, para felicidad y seguridad de sus habitantes.