Taller de Gastronomía

Piden clases los sábados y que el taller sea abierto

13/05/2008
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ada vez más alumnos del colegio José María Sobral tienen interés por cursar el taller de gastronomía y demandan clases los sábados. Seis cursos de octavo y noveno reciben clases, tres horas cátedra por semana, de gastronomía y cada vez existe mayor interés por el arte culinario en la institución.
Alrededor de 120 alumnos se preparan para ser auxiliares de la cocina y cursan sus estudios de EGB3 (tres años) con orientación en gastronomía y luego cursan el Polimodal (tres años) con orientación en Ciencias Naturales.
En 2005 comenzó un curso para los alumnos voluntarios, eran muy pocos los que se anotaron y cursaban, pero la comida atraía a los chicos. Algunos iban a aprender a cocinar y otros se acercaban por necesidad de los alimentos. El taller fue creciendo frente a una necesidad de los propios jóvenes, que llegaban a la cocina del colegio no sólo para aprender sino para compartir una deliciosa comida, que otros estudiantes preparaban, era para ellos quizás el único plato que recibían en el día y tal vez la más esperada para seguir estudiando.
El año pasado los jóvenes que cursaron el taller presentaron una variedad de comidas y exquisiteces en la inauguración de la sala de lectura del colegio Sobral, ese día se lucieron con la cazuela de cordero, panes caseros, canapés, empanadas y fue una presentación que sorprendió al público por el sabor, gusto y decoración que presentaron los estudiantes de EBG 3.
Los cheff y profesores que dictan el taller de gastronomía, Daniel Rodríguez y Jerónimo Olmo, imparten clases teóricas y prácticas.
Los profesores cuentan que con mucho esfuerzo se fue avanzando en el taller y hoy cuentan con mas de 120 alumnos.
Los docentes los orientan y brindan las recetas y dejan abierta a la participación para que los estudiantes aporten la forma en que ven preparar la comida a sus madres y que transmiten en los talleres los conocimientos cotidianos que traen de sus hogares.
"Sabemos que las madres miran las recetas de sus hijos y que también preparan las comidas", explicó Rodríguez, es un ida y vuelta del taller que comparten con su familia. Los docentes para simplificar las cosas y preparaciones les dan la idea de "romper el miedo" y dejar de lado los prejuicios que tienen a la hora de ir a cocinar. "Los chicos están preparados para poder salir a cocinar y poder trabajar en cualquier hotel o restaurante", aclaró el cheff ante el resquemor que observan cuando los chicos les dicen que tienen que saber idiomas y piensan que no llegarán a lo laboral.

"Lo vamos a hacer..."

El viernes pasado, un grupo de alumnos ingresó, a eso de las 17.30, a la cocina de la escuela y se ubicó en las sillas junto a la mesa, en el comedor de la institución. Rodríguez les dicta la receta y uno de ellos le pregunta "¿lo vamos a hacer, no?" y luego escuchan las recetas, toman nota para luego preparar la exquisitez.
Ansiosos esperan las instrucciones y el cheff que se identifica con su indumentaria color blanco, se pasea cerca de los alumnos observando lo que escriben, las recetas.
–¿Por qué nos saca fotos? –interrogó uno de los adolescentes al ver a la cronista de el diario del Fin del Mundo.
–Es para una publicación de el diario
–Entonces, me peino –responde otro y salen las carcajadas y se acomodan en sus sillas observando la cámara y siguen tomando nota en sus carpetas.
En el taller de Gastronomía cuentan con una amasadora, una batidora planetaria, una sobadora y compraron las bagueteras para fabricar el pan que luego utilizan para los sándwich que venden en el colegio para los alumnos y docentes.
Los docentes, directivos y preceptores colaboran con las compras de comidas, arroyados, ñoquis, pan, tallarines que preparan los estudiantes. Cabe recordar que el supermercado La Anónima también aporta los ingredientes que requieren los alumnos para realizar las prácticas de la cocina. Los estudiantes ponen en práctica las recetas y luego entusiasmados comparten la comida y también llevan un poco a su casa, para que prueben lo que hicieron en el colegio.
Otros alumnos del vespertino al sentir el olor a comida bajan de las aulas (del primer piso) a la cocina, saludan y los cheff, se dan una vuelta y los docentes saben que los jóvenes quieren comer, siempre encuentran algo que hicieron los otros estudiantes y es tal vez para ellos la única comida del día.
En el taller son bienvenidos todos los utensilios de cocina que no utilicen en los restaurantes, palos de amasar y otros elementos que requieren los adolescentes para usar en la cocina de la escuela para preparar comidas y panes. También son bienvenidas las colaboraciones de ingredientes que aportan para las preparaciones.
Los alumnos sueñan con tener sus delantales o sacos y el gorro a la hora de cocinar.

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