or Pepe García
La gala del lunes 27 constituyó, para legos y entendidos, una sorpresa sobre la que ya había alguna expectativa, aunque ella fue superada por la demostración del joven pianista Ivan Rutkauskas. Este artista, de unos 20 años apenas, es alumno del venerado Maestro Antonio de Raco y ya lleva realizada una distinguida carrera que abarca su exitosa intervención en concursos, actuaciones en diversos lugares tocando solo o con Orquestas a cargo de importantes Directores, giras, etc. Su carta de presentación es inmejorable.
Abrió su actuación con la Sonata op. 110 de Beethoven, la penúltima de las 32 que compuso. Ésta es una obra marcada por la tristeza y el sufrimiento de quien se acerca al final de su vida padeciendo, además de la sordera, otras afecciones que lo atormentan y le exigen un gran esfuerzo para continuar componiendo. Una pátina de tristeza campea en casi toda la Sonata, cuya ejecución no requiere un gran virtuosismo mecánico, sino la exteriorización de un profundo sentimiento. Aunque, bien visto, ello también es virtuosismo. A mi juicio, Rutkauskas no logró siempre transmitir plenamente las características que mencionamos, aunque considero que logró hacerlo hacia el final, en donde pareciera que Beethoven expresa sus sentimientos con acordes "in crescendo" pero sin desbordes, sino en forma contenida. Pero estimo de buen juicio dejar las cosas así; quizás, por ahora, no sea ésta una obra que le convenga. Pero es innegable que condiciones posee generosamente; de lo contrario no hubiera logrado tocar lo que siguió con la brillantez con que lo hizo.
La segunda obra que nos ofreció fue "Gaspard de la Nuit" de Maurice Ravel (1875-1937). Es importante decir algunas cosas sobre este autor. Históricamente debe ser considerado un impresionista, la escuela que siguió al romanticismo, aunque por vocación fue un clásico y si por años se lo consideró un epígono de Debussy (1862-1918), luego se advirtió que los separaban diferencias importantes como, por ej. que uno, Debussy, tiende a la expansión en sus composiciones, mientras que Ravel busca la concentración, alcanzando una fuerza íntima notable. Además era sumamente escrupuloso para componer y no dejaba detalle por considerar. Podría suponerse que por ello que sus creaciones fueran rígidas, excesivamente elaboradas. No es así; su discurso suena fluido y espontáneo. Pensemos un poco en lo difícil que es congeniar estas dos condiciones. Ello fue claramente expuesto por Rutkauskas, que tocó con una autoridad notable, sin fisuras ni titubeos. Todo lo presentó no solo con gran técnica, sino con la unidad conceptual exigida por el autor. Una magnífica labor y un excepcional dominio de la obra y del instrumento.
Luego fue el turno de Johannes Brahms (1833-1897). Este grande de la música se consideraba un continuador de Beethoven; quería ser eso, nada más ni nada menos. Pasada la convulsión romántica y mientras Wagner revolucionaba la atmósfera musical, Brahms decidió volver a la gran tradición de la música germana. Pero no se puede volver el tiempo atrás; mucha agua había corrido bajo los puentes y ya no se podía componer como antes. El resultado fue que sus obras, paradójicamente, fueron creaciones originales. Compuso para todos los géneros, a excepción de la ópera. Su obra es tan extensa que no es fácil resumirla aquí. Pondré atención ahora a las obras para piano que interpretó nuestro artista: dos Rapsodias op. 79 y Fantasias op. 116. Son piezas sólidas, muy bien elaboradas y con gran inspiración. Nuestro joven artista mostró una asombrosa seguridad en la interpretación. Evidentemente había ganado confianza en sus propias condiciones. No tendría mayor sentido analizar particularidades; es el conjunto lo que nos interesa, la impresión general, que no puede ser mejor. De este pianista no se puede decir que tocó bien para la edad que tiene. Tocó brillantemente y punto. Como remate, interpretó, a modo de un verdadero regalo, un fragmento de la Suite Iberia, de Isaac Albéniz. Con ello no hizo más que reafirmar sus brillantes condiciones. Ojalá sigua en este camino, que se muestra notablemente promisorio.
| Fe de erratas En la nota sobre la actuación del Ensamble Las Hayas, por un involuntario error confundí el nombre del barítono, de modo que donde dice Carlos Bertazza, debe leerse Leonardo López Linares. |