El Juez de la Suprema Corte disertó sobre “Democracia y parlamentarismo”
E
l juez de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Raúl Zaffaroni, brindó ayer a las 18 en la Casa de la Cultura de Ushuaia una conferencia sobre “Democracia y parlamentarismo” en la que fundamentó por qué según su criterio, la Argentina debería virar hacia un sistema institucional de ese tipo.
El jurista que llegó a la provincia invitado por la ONG Participación Ciudadana, la Asociación de Magistrados y Funcionarios Nacionales, la consultora Vox Populi y EDFM, aceptó una entrevista exclusiva con este medio donde profundizó la misma idea de la disertación y en la que se refirió también al rol actual de los jueces en relación con la difusión de sus sentencias (ver recuadro aparte).
Zaffaroni, que no vino en misión oficial, brindó una conferencia de prensa en el local de la Boutique del Libro y tuvo una mínima agenda protocolar.
-¿Su postura concreta es que los países latinoamericanos deberían virar hacia un sistema parlamentarista de Gobierno?
-No me atrevo a decirlo para toda la región. Hay situaciones que son muy diferentes. Yo no le hubiese dicho a Perón en el 45´ que hiciera un sistema parlamentario, ni tampoco se lo diría a Evo Morales ahora. Probablemente cuando haya que hacer una transformación social muy profunda, el sistema parlamentario no funcione. Pero no es nuestro caso, y por eso creo que llegamos a una etapa donde la historia nos muestra que hemos tenido momentos de acercamiento a un estado social y momentos de regresión con mucha crueldad y violencia. Creo que es una buena oportunidad para pensar un sistema institucional que, en la medida de lo posible, nos preserve de esas regresiones.
-¿Evitaríamos las crisis?
No, crisis seguiremos teniendo. El problema es que las crisis no se conviertan en catástrofes institucionales, que una crisis política no derive en una crisis institucional. Una presidencia interrumpida, en un sistema presidencial, es una crisis institucional de primerísimo orden. Un cambio de gobierno parlamentario es una crisis política. Es un vuelco, pero no se desbarranca.
-¿Qué defectos le encuentra al presidencialismo en la situación actual?
-Creo que tiene una lógica perversa. El que gana se lleva todo por un voto y el otro trata de que no pueda gobernar. Es el modelo Penélope: uno desarma lo que el otro hizo. Es muy difícil llegar a acuerdos de gobernabilidad. Fíjense lo que en pasó a lo largo de nuestra historia con los intentos de hacer fórmulas combinadas. Terminaron todos mal.
-¿El cambio institucional que usted propone precisa antes de cierta maduración social?
-Eso es lo que estamos tratando de hacer. Si hablo de esto es para abrir un debate. No sé cuándo va a producirse el espacio político de una reforma constitucional. Eso no depende de uno y nunca fue racional. Depende de las coyunturas políticas.
-¿Es una postura personal suya o hay otros intelectuales que comparten la misma idea?
-Lo he hablado con mucha gente. Muchos me miran como si estuviera loco. No importa, es plantar la semilla.
-¿Uno de los principales problemas de la política actual es la imposibilidad de generar consensos?
-Consensos y políticas de Estado. Que pueda haber una alternancia.
-¿Qué le hace pensar que esas situaciones cambiarían con un sistema parlamentario?
-La necesidad de coaligarse para gobernar. El sistema parlamentarista lleva, necesariamente, si no a la formación de dos partidos, al menos a la formación de dos coaliciones. Una es la de gobierno, que no tiene que perder la mayoría porque si lo hace se va. Y la otra, de oposición, que tiene que estar unida para ofrecerse como alternativa. Muchos partidos han nacido como coaliciones. La democracia cristiana italiana no era un partido. La democracia cristiana alemana, tampoco. Creo que nosotros tenemos cruzado el sistema Don´t con el sistema presidencial. El sistema presidencial tiene que funcionar, por lógica, con una mayoría propia, lo cual garantiza que el presidente, durante la mitad de su primer mandato, pueda gobernar. Con el sistema Don´t eso no se garantiza. Me pregunto: ¿un gobierno presidencialista sin mayoría propia, es fuerte? Porque si no, tiene que obviar al Parlamento o gobernar por decretos de necesidad y urgencia.
-¿Qué objeciones le encuentra al sistema parlamentario?
-Se le formulan algunas que no tienen mucho sentido. Por ejemplo la falta de experiencia. Por un lado es un argumento un poco conservador. Por otro, no es cierto. América Latina tiene unas veinticinco presidencias interrumpidas en los últimos treinta años. Y en todos los casos la salida fue parlamentaria. No hubo ningún caso en que se fue a buscar al hombre fuerte. Sin ir más lejos, el de Duhalde fue un gobierno parlamentario.
-¿Cómo se trasladaría un gobierno parlamentario a las provincias?
-Con el mismo modelo. Incluso sin modificar la Constitución Nacional, una provincia puede tener un sistema parlamentario. Nada lo impide. Lo mismo podría pasar en los municipios.
-¿Qué piensa de los sistemas mixtos, con características ejecutivistas y parlamentarias a la vez?
-Les tengo mucho miedo. Cada vez que escucho aquello de que hay que controlar el hiperpresidencialismo, tiemblo. O estamos en un sistema presidencialista o estamos en un sistema parlamentario. Pero el que gobierna es el que está en el poder. De lo contrario corremos el riesgo de que en algún momento no pueda gobernar nadie. Ese es el temor.
-¿Por qué es ahora el momento de plantear este tema?
-Porque en la situación actual no estamos ante ninguna crisis. Por eso hay que pensarlo antes de que se produzcan cosas más graves. Pueden pasar, pero no las veo en el horizonte inmediato.
Ni magistrado “estrella” ni el que da “misa en latín”
“Un juez tiene que explicar lo que hace”
-¿Cambió la imagen de la Suprema Corte, respecto de la que tenía en la década del 90?
-Eso habría que preguntárselo al que tiene la imagen. Yo creo que no se puede actuar en función de una imagen. Ese es un defecto que tiene la institucionalización en este mundo contemporáneo. Se actúa demasiado sobre la imagen, y en definitiva pierde importancia lo que se hace realmente. Es como si fuera más importante lo que se proyecta, que el efecto concreto de lo que se hace. Yo trato de hacer las cosas lo mejor posible. Y a la larga eso se recordará.
-Sobre hechos concretos entonces, ¿le ha dado resultado a la Corte esta apertura que se intenta hacia la sociedad?
-Sí, nos ha dado buenos resultados. Hemos logrado un mayor diálogo, porque además entendimos que comunicar es parte de la función institucional de uno de los poderes del Estado. Un juez tiene que realizar también una función docente, y explicar lo que hace. Es una actitud que tratamos de transmitir a todo el Poder Judicial.
-¿Un juez debe comunicar su trabajo jurisdiccional?
-Hay dos extremos. Está el juez “estrella”, y el que da la misa en latín y de espaldas. La idea es ninguno de los dos. La Justicia es una rama del Gobierno, por qué no va a poder explicar sus acciones. Los actos de Gobierno hay que explicarlos. |